Cristián Huneeus. Fotografía de Ilonka Csillag.
 
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Noviembre 2005

Los abuelos de Cristián Huneeus (continuación)
 

En Valparaíso, Federico Page es autor de dos grandes hitos de la ciudad, el único ascensor efectivo, vertical, al que se accede dramáticamente desde un pintoresco túnel en el Cerro Polanco, y el célebre del Cerro Artillería que conduce al Paseo 21 de mayo, hasta hoy visitado por miles de turistas anuales debido a la espectacular vista que, desde lo alto y junto al patrimonial edificio de la antigua Escuela Naval, domina la bahía. Cuántos cadetes lo usaron, por generaciones, sin saber del arquitecto e ingeniero Page... Es tiempo ya de instalar una placa conmemorativa que lo recuerde, porque incluso varias casonas muy tradicionales del puerto también son obra suya, todas caracterizadas por tener accesos muy discretos, casi ocultos, envolviendo la intimidad por completo - el pudor sajón llevado a la arquitectura- para acceder luego, una vez adentro, a una gran vista del puerto. También falta un catastro exacto de todas ellas.

Al final de sus días dejó de trabajar para dedicarse a su afición de siempre, la lectura. Como descanso salía a pasear por la ciudad con Cristián, su nieto mayor, al que le mostraba la ciudad, su arquitectura, los barcos surtos en la bahía, inundando sus ojos y su imaginación. Y también le hablaba de sus escritores preferidos... Su imagen inspiraría a ese niño que comenzó incluso la carrera de arquitectura, y que como él la abandonó para dedicarse a los libros.

Eso sí, el joven Huneeus Page le dedicó su vida completa a las letras, tal vez porque a su influencia se suma la del otro abuelo, Roberto Huneeus Gana, dueño de un fundo donde ahora está la Comuna de La Granja, ministro de Guerra y Marina de Pedro Montt, de la misma familia de los Blest Gana y de Esther Huneeus, quien se encerraba a escribir poesía, teatro, ensayo y crítica. Aunque Cristián entraría en su gran biblioteca, al principio a andar en patines o bicicleta, y ya seducido por el mundo de los escritores que le describía Page, finalmente fue atrapado por los lomos de los libros hasta transformarse en un lector voraz y, luego, en escritor.

Cristián Huneeus Page, es especialmente recordado como director del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile, ese célebre centro que acogió a historiadores como Mario Góngora, Sergio Villalobos, Julio Retamal y Joaquín Fernandois, escritores como Nicanor Parra, Enrique Lihn y Ronald Kay, filósofos como Joaquín Barceló y Jaime Castillo Velasco, gente de las más diversas posturas políticas, en momentos, 1972, en que el país se había vuelto violentamente sectario.
Huneeus Page, fiel a sus abuelos, pensaba que el de los libros era un mundo mejor, que en él no cabía la intolerancia, la discriminación ni, menos, la violencia. En su "Autobiografía por encargo", publicada en 1985, el mismo año en que murió sorpresivamente a los 48 años, dedica sus primeras páginas a esos abuelos que, muy temprano en su vida, le entregaron un legado que lo marcó para siempre.

 
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