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Noviembre 2005

Demoler una iglesia
 

Los rumores continúan: se demolería la Iglesia de los Capuchinos en Santiago Poniente. Sean o no ciertos, es el momento de recordar a su autor, Eusebio Chelli, quien para esta obra se inspiró en la Iglesia del Redentor de Venecia, trazada por el gran Palladio.

Miguel Laborde


Chelli es un gran protagonista del siglo XIX chileno: la Recoleta Dominica, la Iglesia de la Preciosa Sangre, la de las Agustinas, la del Buen Pastor con su convento, además de la de los capuchinos y el Palacio Errázuriz (actual Embajada de Brasil), enriquecen notablemente a la ciudad de Santiago. También podemos agregar la monumental iglesia de Andacollo cerca de La Serena, y la iglesia parroquial de Viña del Mar (derribada por el terremoto de 1906).

Fue una suerte que se viniera a Chile ya que, por sus dotes, podía haber realizado una carrera muy destacada en Italia. Romano, miembro de unas familia de célebres artistas -como su hermano Carlos, autor del San Francisco de Asís de la Recoleta Dominica-, pudo formarse en la Academia Pontificia de San Lucas junto al famoso Luigi Poletti, el autor de la reconstrucción de la gran basílica de San Pablo Extramuros -se había incendiado gran parte de la antigua-, en la que también trabajó Chelli varios años. Esta obra lo marca, al grado que se pueden leer ciertos rasgos comunes con la que diseñó aquí en Recoleta.

No pensaba venir a Chile. Los dominicos sólo querían embellecer su sencillo templo anterior con un altar de calidad, y el superior de la orden se dirigió a Poletti, la autoridad máxima del momento, y éste recomendó a Chelli. Y como le dijeron que no se preocupara de los gastos, diseñó uno espectacular y enorme, de blanco mármol con placas de alabastro, jaspe, malaquita, berilo y otras piedras de distintos colores. Tan hermoso fue el resultado, la sutil armonía alcanzada con tantos tonos distintos, que se expuso en el Vaticano y el Papa, Pío Nono, le otorgó una Gran Medalla de Oro.

 
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