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Con crítica
complicidad y una buena dosis
de cariño, el artista
y dibujante de comics, Rodrigo
Salinas, revela a través
del humor y la visualidad las
miserias y virtudes de héroes
humanos, terrenales y definitivamente
chilenos.
Por Rosario Mena
Un superhéroe
criollo que, con capa y panty
media, a lo Superman, encarna
a la generación que luchó
por instaurar en Chile una utopía
socialista aniquilada por el
sistema neoliberal, es Winnis,
el personaje creado por Rodrigo
Salinas que da nombre a su inédita
muestra presentada en la galería
Gabriela Mistral, en agosto
de 2006. Un video en el que
Salinas, su padre y su hermano
representan a tres generaciones
de Winnis, forma parte fundamental
del montaje artístico,
junto a la improvisada carretera
hecha "a la chilena"
con el arcoiris del NO y un
muro con las portadas de una
inexistente colección
de comics dedicada al personaje.
Todo al servicio de un nostálgico
homenaje, que despliega una
identidad local que absorve
y asume la influencia norteamericana
y que si bien constata la derrota
de quienes creyeron en un mundo
imposible, gobernado por la
igualdad y la justicia social,
al mismo tiempo, los convierte
en héroes y en ejemplo
perdurable para las próximas
generaciones.
Así Winnis se suma a
la galería de héroes
de carne y hueso, profundamente
chilenos, que atraviesan toda
la obra de Salinas. Que no vuelan
sino que caminan, que no son
bellos ni perfectos. Como su
desmitificado Arturo Prat, su
decadente Mampato o las nada
agraciadas figuras de la farándula
que protagonizan su tira cómica
para la revista Wiken. Y también
como el calvo y pequeño
cesante chileno de clase media
Supercifuentes , del dibujante
Hervi, que aparecía en
los 80 en la revista La Bicicleta
y que Salinas proyecta reeditar.
"Hervi es nuestro Quino
-asegura-. Su trabajo ha sido
clave en mostrar cómo
somos los chilenos".
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