Turismo Cultural
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Abril 2007
Visita a la mina Chiflón del Diablo
Negro recorrido (continuación)

 

Gran conocedor del negro mineral, el ex trabajador cuenta a los turistas chilenos y extranjeros el origen y la estructura del yacimiento. "Esto yo lo explico como un sandwich, arriba está la tosca -arena compactada hace millones de años-, al medio está el carbón y abajo sigue la tosca. El carbón floreció en superficie y a medida que los indios comenzaron a extraerlo, se dieron cuenta que todos los mantos iban para el mar".

"Estos arcos que ustedes ven acá se llaman marcorna, o sea esta es una fortificación en madera, todo está hecho de madera de eucalipto, una de las maderas más firmes que hay. El eucalipto, cuando empieza a cargar el cerro, cruje, o sea avisa. Las marcornas jamás han llevado clavo o amarra. Estos sacaitos que se ven no los ideó un ingeniero en minas, sino que en esos años lo idearon los campesinos. Aquí hacía falta la mano de obra -explica Reyes-, así que la empresa tuvo que ir a los campos y a la cordillera a buscar gente".

El paso de labriego campesino a obrero de las minas significó una fuerte transformación en la calidad de vida y costumbres de los trabajadores. En 1856 llegaron de Escocia 50 operarios y técnicos para que adiestraran a los novatos peones agrícolas. Las duras y precarias condiciones de vida que los mineros debieron soportar durante el siglo XIX -etapa anterior a la era de las botas, cascos, lámparas y guantes-, sólo se pueden comprender al interior del Chiflón, una vez que se toma conocimiento de la oscuridad, la humedad, las malas condiciones higiénicas y la constante amenaza que significaban los derrumbes y las explosiones a causa del gas que se liberaba en el pique.

"Cuando llegaba la hora de la choca o de la colación, los mineros dejaban de trabajar, se sentaban, agarraban el huameco o lonchera, sacaban su pan o mache y su charra, una cantimplora de lata que llenaban con agüita de perra. A medida que ellos comían, se acercaban los laucos o ratones -cuenta Reyes mientras se sienta y estira el brazo como dispersando migas de pan-. El minero tenía que darles de comer. Estaba prohibido matarlos, porque ellos se encargaban de hacer el aseo, por eso se les llamaba también sanitarios. La otra virtud que tenían los roedores, era que cuando había algún desprendimiento de tosca, podía ocurrir un accidente y ellos arrancaban y chillaban avisando al minero".
 
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