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El hecho de que aparezca
en cualquier guía y que se le dediquen
cientos de reportajes no nos exhime de otorgar
un espacio en el sitio del patrimonio cultural
chileno al principal destino turístico
internacional del norte de Chile: San Pedro de
Atacama. Un pequeño y antiguo pueblo andino
en medio del desierto más seco del mundo,
de sólo 955 habitantes, cuyas calles y
casas de adobe albergan hoy hoteles, restaurantes
,pubs, agencias de viajes y hasta galerias de
arte, conformando una infraestructura de buen
nivel al servicio de un turismo no convencional.
La oferta, que ha sabido sacar provecho del notable
patrimonio cultural y natural, desarrollando,
por ejemplo, la gastronomía, la medicina
natural y la arquitectura local, se dirige mayoritariamente
a extranjeros que todo el año visitan el
lugar, atraidos por su místico prestigio.
Ubicado a 2400 metros de altura, en un oasis del
borde norte del gran Salar de Atacama (el más
grande del país), y a sólo una hora
por carretera de la ciudad de Calama, en la segunda
región, San Pedro es un compendio de riquezas
atesoradas en un museo, numerosos sitios arqueológicos,
paisajes espectaculares, arquitectura, costumbres,
y todo el universo de vestigios prehispánicos
de la tradición atacameña que allí
se palpa y se respira, bajo uno de los cielos
más luminosos y nítidos del planeta.
Capital prehispana
Formado, como muchos otros oasis, por las lluvias
del invierno boliviano, San Pedro muestra a ratos
una vegetación exuberante compuesta de
Chañares, Algarrobos y Pimientos. En sus
verdes campos se practica la agricultura desde
tiempos ancestrales, conservando los mismos métodos
de cultivo usados hace miles de años. Un
milagro que los atacameños agradecen a
la madre tierra ,o Pachamama, a través
de distintas festividades y ceremonias religiosas
marcadas por el sincretismo entre los rituales
católicos y andinos.
Poblada en forma continuada
durante aproximadamente 10.000 años, esta
ciudad, centro de la cultura Atacameña
o Kunza, fue codiciada por los imperios Tiahuanaco
e Inca debido a su riqueza mineral y su importancia
como vía de acceso al comercio del desierto.
Conquistada por los incas a mediados del siglo
XV, fue más tarde un lugar de tránsito
para las expediciones hispanas hacia el Sur del
continente, incluida la de Diego de Almagro, que
en 1536 pasó por ahí. Hasta 1870,
cuando las operaciones se trasladan a Calama,
San Pedro fue un centro administrativo y comercial
para la minería del cobre, lo que contribuyó
significativamente a su desarrollo económico.
Hoy sus escasos pobladores viven principalmente
del turismo y el cultivo de hortalizas.
El Museo Arqueológico del Padre
Le Paige, la iglesia colonial, y el fácil
acceso a los geisers del Tatio, el Valle de la
Luna, el pukara de Quitor y la aldea prehispánica
de Tulor, son, sin duda, los principales atractivos
turísticos. A ellos se suman las ruinas
incaicas de Catarpe, el mismo Salar de Atacama,
la reserva nacional Los Flamencos, donde puede
apreciarse la rica fauna que habita en estos inhóspitos
lugares, y los pueblos vecinos de Toconao y Socaire,
con su fuerte carga ancestral.
Iglesia de San Pedro de Atacama
Museo Arqueológico Padre Le Paige
Pucará de
Quitor
Aldea de Tulor
Valle de la Luna
Geisers del Tatio
Volcán Licancabur
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