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Febrero 2002

Isla de Pascua:

El problema de la conservación del
patrimonio arqueológico rapa nui

José Miguel Ramírez, Director del Centro de Estudios Rapa Nui de la Universidad de Valparaíso.

 

Las obras públicas han sido uno de los principales factores de destrucción de sitios arqueológicos en Isla de Pascua. El primer símbolo de la presencia, a partir de 1895, de la empresa Williamson & Balfour, conocida como Compañía Explotadora de Isla de Pascua fue la construcción de la casa del administrador sobre imponentes piedras labradas (paenga) de la antigua aldea en Mataveri. Las bases de los muelles de Hanga Piko y Hanga Roa Otai aprovecharon en buena medida los imponentes bloques de los ahu cercanos. Buena parte de las pircas y bebederos construidos por la Compañía para el ganado aprovecharon la piedra de una serie de estructuras menores: hornos subterráneos (umu pae), gallineros (hare moa), hitos demarcatorios (pipi horeko) y fundaciones de casas (hare paenga).

Imponentes bloques labrados (paenga) de algún ahu también sirvieron para la construcción de estanques de agua, como se puede ver en Hanga Tetenga. Una de las primeras obras públicas de importancia fue la construcción del aeropuerto de Mataveri, a mediados de los 60, que significó el acopio y traslado de miles de toneladas de material superficial, incluyendo incontables sitios y materiales arqueológicos. Por su parte, la ampliación de 1988 implicó la excavación del Maunga Tararaina. Extensas zonas fueron devastadas para construir las pistas de aterrizaje, que fueron rellenadas con piedras y estructuras de valor arqueológico. La omisión de estudios de impacto ambiental, y la ausencia de control sobre la construcción de algunos caminos constituyen otras amenazas a la conservación del patrimonio.

En general, la conservación de los materiales arqueológicos en la isla debe orientarse a la mitigación de los efectos de la exposición a la intemperie, en donde la lluvia y el viento son los elementos críticos, pero en especial al control de los animales que deambulan libremente, y al manejo del uso público de los sitios y la educación. La combinación de esos factores afecta diferencialmente a los materiales, y se puede observar cómo los moai presentan distintos grados de deterioro. El uso experimental de productos hidrófobos (repelentes del agua) ha demostrado su efectividad, pero no se ha logrado su aplicación sistemática.

De los cientos de moai expuestos al deterioro progresivo por causas naturales, hay una docena que requieren atención urgente. Sin embargo, el daño más profundo lo provocan los animales y el vandalismo. Hasta ahora, el cierre de algunos sitios ha resultado costoso e inútil. Parecería más eficaz y sustentable en todo sentido instalar a los animales en áreas apropiadas y cercadas.

Uno de los peores daños que provocan los animales no es sólo el pisoteo, sino las quemas de pastizales que resultan de la antigua costumbre para conseguir pasto fresco. El manejo de los animales que usan el agua de Rano Raraku es el problema más difícil. A pesar de que el vandalismo en la isla no es un problema masivo, la costumbre de algunos guías de remarcar los petroglifos para mejorar su "visibilidad" está provocando el deterioro progresivo de una de las expresiones más notables de la arqueología isleña.

Muchos de los sitios monumentales requieren mantención preventiva regular, a diferente escala. Entre los sitios en mayor riesgo se encuentra el sector de Mata Ngarau en la aldea ceremonial de Orongo. La aldea misma ha sido restaurada muchas veces, pero, al igual que todos los sitios importantes requiere mantención preventiva permanente. Sus bloques con petroglifos están en una condición física de gran riesgo. En dos ocasiones este sitio ha sido puesto en la Lista de los 100 sitios del mundo en peligro. En cuanto a la restauración monumental, ésta debe ser muy controlada, en especial respecto del registro científico.

En la actualidad, se hace necesario evaluar las intervenciones realizadas en una serie de sitios, y actualizar los planes de manejo. El Parque Nacional Rapa Nui, respondiendo a su posición como primer sitio chileno en la Lista del Patrimonio Mundial, y lo que eso implica como responsabilidad para el país, requiere de mayores recursos humanos y materiales para cumplir su misión. En este sentido, es necesario insistir en un nuevo modelo de administración que implique mejorar su presupuesto a partir de los ingresos turísticos, con el apoyo y participación de las autoridades y organizaciones locales del turismo y la cultura, para orientarlos a la protección y conservación del patrimonio rapanui.

 
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