Turismo Cultural
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Circuito "alternativo" por la Patagonia
 
De estancia en estancia (continuación)

 

Un micromundo

A partir del siglo XVIII, la palabra 'estancia' tuvo la connotación de refugio para los colonos, quizás sin el lujo con que llegó a asociársela más tarde. Establecida la república, la 'estancia' fue un espacio de asentamiento para hacendados, enriquecidos por el negocio ganadero y con no pocos empleados a su cargo. Su característica principal era, probablemente, su extensión, el tipo de cosa que en Patagonia no es ningún problema. La enorme pampa que se extiende al sur de Argentina, Brasil y Chile no da para medirse en hectáreas, sino en cientos de kilómetros cuadrados. Las casas podían ser construcciones sencillas -lo principal era asegurar su resguardo del frío y la nieve, más que cargarla de comodidades-, pero emplazadas en terrenos en los que la vista se llega a perder. Es posible que allí radique parte importante del actual atractivo turístico de la Patagonia: en un mundo que nos ha enseñado a asociar el aire libre a los compartimentos, estar en el medio de terrenos infinitos es un lujo conmovedor.

Todo un micromundo se urdía en torno a la estancia, considerando el casi completo aislamiento de su ubicación. Hasta hoy, las estancias de la Patagonia funcionan con generadores eléctricos propios, sin posibilidad de telefonía e internet (hay escasas excepciones que han instalado conexiones satelitales). Las noches se pasan junto al fuego de la chimenea, conversando una copa y sin noticias sobre las que debatir. "Para las elecciones, generalmente sabemos de los resultados como un mes después", nos cuenta Luis, gaucho chileno que hoy gana mejor dinero paseando turistas a caballo en convenio con la agencia Chile nativo (http://www.chilenativo.com). Luis ha estado un par de veces en Santiago y dice que se siente "en otro país", en parte por el apuro cotidiano. Criado entre estancias, acostumbrado a desayunar carne de cordero y a hornear su propio pan, fanático de la lectura del "Martín Fierro", es un hombre símbolo de la llamada "república de Patagonia", dentro de Chile y Argentina a la vez, con características nacionales propias. El único lugar del mundo, donde chilenos y argentinos se sienten compatriotas.


Su conversión al turismo

Existen antecedentes en torno a un incipiente turismo patagónico hacia fines de los años '60, cuando el argentino Hugo Vecchiet comenzó a recibir en una casa que él administraba en la provincia sureña de Chubut a viajeros estadounidenses interesados en la pesca. Las incomodidades de ese peculiar "hotel" (sin electricidad, gas, calefacción central ni teléfono) eran compensadas con vistas inigualables de la naturaleza austral, tan pródiga en montañas, lagos y animales exóticos. Fue un "sacrificio" al que luego más turistas estuvieron dispuestos a someterse. Hoy Hugo Vecchiet es considerado uno de los principales empresarios hoteleros de la Patagonia argentina, con más de trescientas estancias funcionando gracias a su asesoría.
 
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