Fundado en 1625, sobre  asentamientos prehispánicos agrícolas, Belén fue paso estratégico en el transporte de la plata desde Bolivia hasta el puerto de Arica.
 
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Diciembre 2002

Altiplano chileno:

Bienvenidos a Belén (continuación)

 

Agricultores y guaneros

En las proximidades de Belén existen restos de un gran número de asentamientos prehispánicos generalmente asociados a terrazas de cultivo, llamadas andanerías. Algunas forman el pukará de Ancopachane, ubicado en una amplia terraza frente al cementerio de Belén y compuesto de cerca de cien recintos circulares y algunos rectangulares. Contiguo está el pukará de Chajpa, de espacios rectangulares con divisiones internas. El recinto se conecta con el pukará de Huaihuarani, declarado Monumento Nacional, a través de un tramo de 5 km del Camino del Inca, que conserva el empedrado y el pircado lateral que lo delimitaban originalmente. Este último es un gran poblado formado por unos 500 ambientes domésticos circulares y otros tantos silos. Al suroeste del pukará hay un alero con pictografías.

A medio kilómetro de Belén está el pukarade Incahullo, también declarado Monumento y el más elaborado de los construidos en el área de Arica. Tiene recintos rectangulares contiguos, con muros de caras exteriores canteadas y esquinas de bloques trabados, así como espacios circulares.

En estas terrazas realizaron sus cultivos antiguos pueblos agricultores y guaneros, cuyas huellas llegaron hasta el mar. Montados en mulas bajaban en grupos hasta la orilla de los acantilados costeros a buscar el guano que usaban como fertilizante. Los testimonios señalan que descendían a pie por el cerro para cargar sus sacos, los que transportaban al hombro hasta donde estaban las mulas. Se quedaban en el lugar varios meses recolectando una gran cantidad de guano. A medida que se hacía escaso el recurso había que acceder a los sectores más peligrosos, de manera que literalmente se colgaban de sogas sobre el farellón. Aún permanecen las cruces y animitas que recuerdan a algunos de los muchos desafortunados que murieron en esta hazaña.

La invitación está hecha a quien quiera formar parte de la reducida y selecta nómina de viajeros que deciden quedarse más de unas horas en Belén, junto a sus escasos habitantes. Donde el único hospedaje son dos camas en la casa de la señora María Martínez, es seguro que se abre una experiencia inolvidable.

 
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