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"Me alegro de que arreglen
la Villa, está tremendamente
venida a menos y es una pena,
esta obra de arquitectura chilena
que fue tan famosa, publicada
hasta en Japón",
dice García-Huidobro,
quien reconoce en ella la inevitable
influencia de Le Corbussier,
que marcó el desarrollo
del modernismo en Chile. "Todo
cambió con Le Corbussier.
Aunque uno no quisiera ser su
discípulo, estaba su
influencia". Aparte del
valor social de esta obra construida
para la clase media, específicamente
para los imponentes de la Caja
de Empleados Particulares, García-Huidobro
destaca el trabajo de coordinación
del proyecto, llevado a cabo
por tres empresas constructoras
y en las que fue fundamental
la articulación realizada
por la oficina de arquitectos.
"El milagro más
grande fue que nos pusiéramos
de acuerdo", dice. En cuanto
al diseño, el arquitecto
explica que "el objetivo
de combinar blocks con casas
era mantener la medida de las
cuadras antiguas de Santiago,
lo cual se consigue con la alineación
de las casas, mientras que los
edificios refuerzan las manzanas.
Como en esos tiempos no se contemplaban
los ascensores, había
que construir en poca altura.
El techo de las casas era para
nosotros el nivel cero. Desde
ahí se proyectaban tres
pisos hacia arriba, lo cual
era el tope del conjunto. Fue
bastante ingenioso".
Una obra sinónimo de
vanguardia tanto en Chile como
en el extranjero, conocida,
entre otras cosas, por el uso
de hormigón en su expresión
brutalista, cuyos 19 blocks
estaban decorados con hermosos
bajorelieves realizados por
el artista chileno Ricardo Irarrázabal.
"También estaba
previsto colocar esculturas
de Raúl Valdivieso, pero
finalmente eso no se concretó",
cuenta García-Huidobro.
Gran número de publicaciones
chilenas y extranjeras publicaron
en sus páginas las fotografías
de sus edificios y jardines.
"Esto era una paraíso",
cuenta Margarita, una profesora
propietaria que llegó
allí a vivir con sus
padres cuando la Villa recién
estaba construida. "Todo
esto eran áreas verdes
preciosas -dice señalando
lo que hoy es un tierral cubierto
de basura-. Había unos
puentes que cruzaban de un block
a otro y nosotros nos instalábamos
ahí a tocar guitarra.
No había drogadicción
ni delincuencia como ahora".
Tras el golpe militar de 1973
el modelo de Unidad Vecinal
se quiebra junto con el sistema
político social que lo
sustenta. La Villa se transforma,
como otros sectores de la ciudad,
en escenario de enfrentamientos
políticos, poblado por
una de las clases sociales más
profundamente afectadas por
el golpe. Desde entonces se
estigmatiza como un lugar inseguro
y de alta criminalidad. "Yo
trabajaba en la universidad
y fui exonerada, dice Margarita.
Desde el golpe la Villa quedó
abandonada. El municipio dejó
de mantener las áreas
verdes. Las viviendas se fueron
deteriorando y no hubo más
recursos para mantenerlas. Este
fue considerado un lugar peligroso.
Se convirtió en una población
marginal".
Respecto de los proyectos, la
antigua vecina señala
no contar con mayor información
"ya que no voy a las reuniones
de la junta de vecinos",
explica. Eso sí, deja
ver la desconfianza propia de
quien está acostumbrada
vivir en el abandono y la estigmatización:
"Hoy en día todo
es negocio. Eso se lo aseguro.
Seguramente, los que están
trabajando en el "Quiero
Mi Barrio" están
recibiendo plata. Aquí
nadie hace nada por bolitas
de dulce".
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