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Noviembre 2006
Verónica Adrián, miembro de la Red de Ciudadanos por Ñuñoa:
"En Chile no se planifica, se desplanifica" (continuación)

 

- ¿Crees que los vecinos tienen algún poder frente al Municipio y al Ministerio para ejercer algún tipo de influencia?

- Este es nuestro desafío hoy. Efectivamente, en todos los planos en Chile la gente estaba a la deriva y se sentía absolutamente desprotegida, sentía que no sacaba mucho con tratar de movilizarse porque los costos eran mucho más altos que el intento. Entonces la tendencia era que la gente no optara por la vía de la “insurrección”. En realidad nosotros no nos hicimos esa pregunta, simplemente reaccionamos con furia y nos dimos cuenta de que sí tenemos ese poder. Ha habido un retroceso de este fenómeno que iba en un camino tan rápido. El alcalde le puso algunos frenos porque estaba en juego su carrera política y también la de los concejales.

- En cuanto a la participación ciudadana hay un tema cultural también. Por un lado, por años la ciudadanía no tenía ni voz ni voto para ejercer algún tipo de pronunciamiento y por otro lado, una buena parte de los chilenos ya casi no tiene costumbre de reclamar contra el abuso de poder.

- El tema es que la gente está tiranizada, porque ante cualquier conducta que se salga un poco de los parámetros normales, hay una amenaza. Dentro del ámbito laboral tu no puedes levantar mucho la voz, eso en un principio. Es cultural, pero es un resabio. Cuando uno dice “cultural”, es como que uno hablara de algo que viene de muy lejos. Esto es un resultado de algo más cercano. Éramos muy diferentes hasta antes del golpe de Estado. Éramos una sociedad que reaccionaba y que estaba informada. Después del gran castigo quedamos traumados. Además la gente está agotada, por ejemplo de reclamar cuando hay un abuso con la cuenta telefónica, u otros servicios. Piensa que su esfuerzo no va a valer la pena, que mejor se queda callada, porque quizás en qué tete se va a meter. Sin embargo, estos movimientos son absolutamente terapéuticos. Son un quiebre a esta apatía, a dejarse estar porque se sabe que no se va a lograr nada. Ahora nos dimos cuenta de que sí podemos, es cosa de informarse y decir las cosas por su nombre.

- ¿Y cómo se puede informar un ciudadano común y corriente?


- Todo está hecho en forma hermética para que nadie sea capaz de entender lo que ahí se está diciendo. Como organización una de nuestras principales tareas es informar a la gente. Nosotros conocemos perfectamente el plan regulador, las ordenanzas, la ley general de urbanismo y construcción, cuáles son los organismos fiscalizadores y los derechos que tenemos. Nosotros elaboramos y sistematizamos la información y luego capacitamos. La gente entiende y se da cuenta que tiene derecho a pataleo.

- Por otro lado, en los ‘90 hubo un estímulo por parte del MINVIU para que se densificara Santiago e impedir que la ciudad se extendiera hacia terrenos agrícolas. Esa parece una buena medida…

- Si se hubiera hecho en forma responsable yo lo habría aprobado, pero no fue así. Cuando llega la democracia, con la Concertación se hace un diagnóstico de que Santiago es una ciudad descontrolada con una expansión sin límites. En 1994 se aprueba una nueva política de que en verdad la ciudad tenía que crecer hacia el interior, lo que es acertado. Pero esa decisión fue cediendo, la ciudad igual se siguió expandiendo. Esto pasó porque no se trataba solamente de poner límites, sino porque había que acompañar esa decisión de otros reglamentos que efectivamente estimularan el crecimiento hacia adentro. Entonces el 2002 se reconsidera esta política y también se estipulan zonas de crecimiento vigilado. El gobierno iba a declarar esas zonas urbanizables. Hoy el territorio urbano de Santiago es aún más grande de lo que era cuando Pinochet estaba en el gobierno. Además estamos creciendo hacia arriba. Santiago sigue siendo la ciudad que concentra mayor cantidad de población y está colapsado en términos de contaminación ambiental. Ese es un asunto que no se ha tomado en serio. No se desarrollan las regiones. En Chile no se planifica, se desplanifica. Es francamente irresponsable. Aquí nos estamos yendo al cadalso. Más encima está la construcción de grandes autopistas, que estimulan el uso del vehículo particular. Todas las políticas de transporte público son tremendamente tímidas y mal organizadas.

 
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