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Diciembre 2008
La Vega: ayer y hoy
Fértil provincia (continuación)
Construcción de la Vega

Hacia 1895 -y gracias a las gestiones de Agustín Gómez García, ilustre vecino de La Chimba-, se inició la construcción de los galpones de la Vega Central y la ampliación de sus terrenos, los que al momento de la inauguración, en 1916, ocupaban un área de seis mil metros cuadrados. En esos años la Vega adquirió la fisonomía y límites que aún conserva: por el oriente Recoleta, por el poniente Avenida La Paz, por el sur Artesanos y por el norte Dávila Baeza.

En cuanto a la Vega Chica, el letrero en la entrada consigna que el “edificio fue construido a fines del siglo XIX para ser depósito de carros de tranvía de Santiago. Desde 1948 funciona como mercado de abastecimiento alimenticio para el sector central y norte de la ciudad”. Es aquí donde se encuentra la mayor cantidad de cocinerías y ofertas de comida casera a buen precio y a toda hora.

Esta vocación de actividad constante en torno a la alimentación, encuentra su origen establecido ya en los primeros documentos que normaron este espacio. Así, en los Estatutos de la Sociedad Anónima Vega Central, de 1911, quedan selladas las razones para su ordenación: “Esta Sociedad, que la constituye el Mercado de la Vega, único sitio adonde llegan las carretas proveedoras de verduras, legumbres i frutas, ha nacido del anhelo que los comerciantes de la Vega i propietarios de los alrededores de este Mercado tenían de que no se alejara de un local tan central i de tanto comercio un establecimiento como la Vega Central, que había dado vida i movimiento a este barrio, creando intereses trascendentales en su torno”.

Es precisamente la privilegiada ubicación de la Vega, a un paso del centro, lo que ha permitido la creación de intereses tan trascendentales como contrapuestos. Un plan de remodelación urbana que, desde hace un par de años, prohibió otorgar nuevas patentes comerciales al mercado mayorista que abastece a los locatarios, junto a la presión del sector inmobiliario por obtener tan atractivos terrenos, amenazan constantemente el tradicional movimiento de nuestro mercado más antiguo.

Hasta el momento, sorteando criterios privados y municipales, la Vega ha seguido funcionando al ritmo de antaño. Esto, porque pese a los persistentes apremios de la vida actual, la naturaleza de la transacción y el consumo de los bienes alimentarios se expresa aquí en sus términos más primigenios.
 
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