"Es la cultura de los porteños la que se declara como patrimonio de la humanidad".
 
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Mayo de 2003


Postulación de Valparaíso a Patrimonio de la Humanidad:

Del cerro los placeres yo me pasé... al mundo

Con o sin declaratoria

Ahora bien, la tarea no es fácil ya que, a pesar de haber sorteado varias y cruciales etapas, que mantienen a Valparaíso con altas posibilidades de declaratoria junto con alrededor de otros 30 sitios a nivel mundial -aún más pensando en la ventaja comparativa de nuestro país y que dice relación con la reducida cantidad de sitios chilenos inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial (ver recuadro)-, el consejo resolutivo de UNESCO en la materia (integrado por 21 países de todos los continentes, y que incluye a Argentina, Colombia, Cuba y México por Latinoamérica), puede muy bien votar a solo 10 o 15 sitios finalmente. Esto último porque el proceso se ha planteado de forma cada vez más rigurosa, con declaratorias de real valía universal, y no como hasta hace dos años, cuando aún se aprobaban alrededor de 60 sitios.

De la misma forma, la declaratoria es altamente apetecida, ya que su confirmación significa en teoría y muchas veces en la práctica un flujo de inversiones importante, el aumento ostensible del turismo, situación que significa aplicar un impulso económico para nada despreciable a una ciudad, pero que en muchos casos podría desvirtuar el proceso cultural que da sentido a la declaratoria. A pesar de ello, las voces involucradas en el proceso se encuentran confiadas en que si bien el flujo de inversiones es deseable, así como el alza del turismo, entre otras actividades y polos de desarrollo, el proceso cultural no decaerá: "Por supuesto que hay que cautelar que esto no se convierta en una feria interminable y que no se pierda el sentido cultural de la declaratoria, pero eso depende de sus autoridades, de su gente, de la ciudad misma, como ha ocurrido felizmente, por ejemplo, en Cartagena de Indias, Colombia", según cuenta Ricardo Hevia, Consultor de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe de la UNESCO, con sede en Chile.

La pregunta final, sin embargo, es qué ocurrirá con el plan de trabajo en el caso de no aprobarse la declaratoria, y la posición unánime es que se debe continuar laborando. Esta es la creencia del propio Ricardo Hevia, quien señala que la tarea ya emprendida no se debiera supeditar a la Declaratoria, pues "lo que importa es la conservación de una cultura, de un sitio, y de la gente de una ciudad". Aún más enfático, Ángel Cabeza advierte que la Declaratoria es un medio y no un fin, y que en ese sentido "el Consejo de Monumentos no trabaja solamente porque Valparaíso sea Patrimonio de la Humanidad, para nosotros lo importante es despertar en las autoridades, despertar en la gente las ansias de reconocer los valores patrimoniales en los cuales viven, y que los incorporen conscientemente a su forma de vida".

Por lo pronto la idea es insistir en esta brecha ya abierta, a la espera de la resolución final que se verificará en la reunión del Centro del Patrimoinio Munidal de la UNESCO, a celebrarse en los meses de junio o julio próximos, entendiendo, como remarca el edil porteño, que Valparaíso es una "ciudad única" y que el desafío de la urbe está inserto en un contexto mucho más global que implica a su gente y su cultura como un bien sin precio, y que eso significa un cambio de visión decidido sobre el futuro.

             
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