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Trilla a Yeguas

La fiesta del trigo (continuación)

Símbolo del tiempo

Para el Director del Instituto de Estética de la Universidad Católica, Fidel Sepúlveda, la trilla es una oportunidad extraordinaria, pues es una de las pocas ocasiones en las que se aúnan la fiesta y el trabajo.

El académico recuerda las trillas que vio en su infancia, hace más de 50 años, cuando la gran familia Sepúlveda se reunía para llevar a cabo esta faena. En aquellos años, según el investigador, se hacían entre 30 y 40 trillas en un solo verano. Una de las imágenes que rememora con mayor nitidez es cuando veía llegar temprano a la gente desde los cerros de la zona de Cobquecura. Eran otros tiempos y otra la manera de conciliar el trabajo. "Había un goce de disfrutar y compartir. Había mayor sentido de comunidad y el ser se privilegiaba sobre el tener. Todos estaban unidos para celebrar con la tierra y todo esto garantizaba el sustento del año", afirma Sepúlveda.


Grabado de Claudio Gay

La trilla concentraba la atención de toda la comunidad. Mientras unos estaban preocupados de las faenas del trigo, otros estaban atareados con la cocina. No podía faltar la chupilca, una bebida hecha de vino con harina tostada, que se servía con cuchara para comer el concho. También era una ocasión para que los arriadores demostraran su destreza con los caballos, incluso se esperaba con gran espectativa a determinados jinetes. Los niños no entraban a la era, porque era peligroso. Sepúlveda, entonces miraba el espectáculo desde afuera y soñaba con ser uno de los formidables huasos de la era.

Después de realizados los primeros galopes sobre el trigo, se hacía un alto para almorzar. Primero se servía entrada, luego cazuela, enseguida un plato seco -en muchos casos a la comidad se le agregaba mote- y para finalizar, un postre.

En la tarde, generalmente una cantora se subía al montón de trigo para animar a los trabajadores y sobre la era se bailaban las primeras cuecas. En la noche seguía el festejo, que casi siempre duraba haste el amanecer. Muchas veces este terminaba en peleas descomunales.

Estas son las imágenes que alimentan las reflexiones de Sepúlveda sobre el significado de la trilla. Es una ocasión "en que lo mío es parte del otro, es pasar del otro al nosotros. Por esto, es también una de las tradiciones más nobles. Se trata de un trabajo que dignifica al campesino, en el que no se daña al otro, sino que se trabaja con el otro", explica.

Para el académico la era representa el ciclo y se asemeja a la rueda del tiempo: "Cuando las yeguas giran es un símbolo del tiempo, que gira. El ciclo comienza con el grano de harina, luego siguen el pan, el goce en familia, la comida en común, el trabajo en común".

Para pesar de nuestra identidad con los años la trilla se comenzó a considerar más un trabajo que una fiesta. Lamenta Sepulveda: "Esta es una de las tradiciones más hermosas del campo chileno, que se está perdiendo por la ola de individualismo que hace creer que lo más importante es lo de uno, sin que se mire para el lado".

         
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