Rescate
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Febrero 2008
Darwin Rodríguez, autor del libro sobre Tomé "Apuntes para una historia"
"Lo que caracteriza a la identidad cultural tomecina es su apertura mental para incorporar nuevas realidades" (continuación)

 

Tras regresar del exilio en Canadá, a fines de los 80, y percatarse de que los fundadores de las organizaciones sociales que él había conocido "ya estaban viejitos", decidió rescatar sus testimonios. "Los entrevisté a todos. Fueron muchas horas de grabaciones. Yo tenía el proyecto de escribir una novela y quería usar este material para contextualizar a los personajes y, finalmente, salió una historia de Tomé". Intentando completar el relato y llenar las lagunas existentes, se encontró con las actas del sindicato de la fábrica Bellavista, las que incluyó en el pequeño volumen publicado bajo el título "Apuntes para una historia" y que se acompaña de un CD con un espectacular archivo fotográfico, propiedad de esta fábrica, conservado en el sindicato.


Tomecinos cosmopolitas

En 1865, cuando el mercado y los agotados terrenos ya no daban abasto para el otrora bullante comercio, la iniciativa de la rica clase empresarial de la zona, trae a Tomé la industria textil, floreciente en Europa y exponente privilegiada de la llamada Segunda Revolución Industrial. Más de 50 años antes de que Chile pudiera considerarse un país industrializado. "Las condiciones estaban dadas. Había 14 manufacturas, creadas en torno a la exportación de la harina y el trigo: fábricas de sombreros, sacos de harina, fábrica de cervezas, botellas. Hay una clase urbana formada y una gran apertura cosmopolita", señala Rodríguez.
Máquinas y expertos son importados directamente desde el viejo continente. Y aprovechando la misma infraestructura de los molinos hidráulicos para alimentar las calderas a vapor; la red de servicios y oficios generada en torno a la producción del trigo y vitivinícola; el sistema de transportes y la importante infraestructura portuaria, en el epicentro del comercio de todo el área centro-sur del país, llevan a cabo una notable reconversión, transformando en manufacturera a una comunidad agrícola.

Un proceso de de reconversión de múltiples connotaciones que, entre otras consecuencias, promueve el surgimiento de una clase trabajadora que absorve ideas y prácticas progresistas del pensamiento social europeo de la época; adquiere hábitos sociales y laborales de empleadores como los alemanes, fundadores de la Bellavista Oveja Tomé, y desarrolla una particular relación con el capital y los medios de producción, que le otorgan, como operario de tecnologías y técnicas precisas, un carácter completamente distinto al de otros obreros como los de la minería, por ejemplo, que se relacionan, en su mayoría, con las herramientas a través de su fuerza física.

"En la industria moderna el hombre es parte de la máquina y la velocidad la da la máquina, no el hombre", dice el escritor, quien recalca la importancia de los técnicos traídos desde Europa en el nuevo ideario social: "Los 15 técnicos que llegan a Tomé traen las ideas del gran movimiento social de la Segunda Revolución Industrial. Por eso se explica que los trabajadores se organicen, tengan clubes sociales, deportivos, culturales. Eso junto con las manufacturas, la actividad agrícola e industrial, la base cultural indígena y la influencia de inmigrantes italianos, alemanes, palestinos, franceses, genera una gran riqueza cultural. Y eso determina, por ejemplo, que en Tomé haya una gran proporción de gente que cultiva las artes".

 
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