El huevo duro no puede faltar en ninguna picada que se precie de tal.
 
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Abril 2004


La ruta del picante

El año 2003, el periodista Sergio Paz terminó una titánica tarea: editar su libro Santiago Bizarro. En él se pueden recorrer las vísceras de nuestra urbe, periplo que permite al transeúnte ávido de noche y de experiencias, sacudir la idea de que Santiago de Chile es tan gris y fome que no merece la pena ser vivido. No, para nada, en las 275 páginas que componen este imprescindible libro se conoce desde lo más extraño hasta lo más chilenísimo de nuestra herida ciudad. Esta entretenida guía demuestra que para gustos no hay nada escrito. Para muestra: algunas picadas.

El Quitapena
(Recoleta 1480)
Abierto todos los días del año, salvo el 11 de septiembre, hasta las 23 horas.

La historia del Quitapena ya cuenta unas ocho décadas de vida. Vida que, por cierto, ha acompañado muchas muertes. En efecto, su nombre se debe a los deudos que acongojados pasan a saciar sed y hambre cuando acuden a despedir a sus seres queridos al cementerio. Con una estética de la típica Fuente de Soda chilena junto a una rica comida casera y un ruidoso Wurlitzer y con la ventaja de estar en las cercanías de los cementerios General y Católico esta picada hace olvidar por un rato la pena de la pérdida.

En el libro Santiago Bizarro de Sergio Paz se narra la historia "más gloriosa" de esta picada. Se trata del origen del club de fútbol Colo Colo cuando una tarde de 1925 tras haberse alejado de su ex club Magallanes y mientras comían con la pena de la despedida, un arrollado huaso, David Arellano y Clemente Acuña se comprometieron a crear un nuevo club deportivo: el chilenísimo Colo Colo.
Como sea, el Quita Pena sigue incólume en Recoleta para todos aquellos que necesiten un respiro en tan triste recorrido y como popular monumento en nuestra ciudad.

El hoyo
(San Vicente 375 con Gorbea, Estación Central).
El Hoyo abrió sus puertas en 1912 y sy clientela se ha mantenidoo por varias generaciones. Las mesas son barriles apoyados en una pila.

Reyes del vino tinto en jarra de la casa. Este chilenísimo lugar creció a punta de réplicas. Porque si nos remontamos al año 1985 el terremoto de marzo arrasó con buena parte del Santiago antiguo. La mitología de este sitio narra que llegó hasta este lugar un despistado gringo que ante la desagradable temperatura del vino que le servían pidió que le encaramaran un copo de helado al vaso. El helado de piña que normalmente nutre el más aristocrático Ponche a la romana se desvió hacia una corriente caña de vino blanco. Nació, entonces, El Terremoto, un trago tan criollo como exitoso. Réplica es el nombre que ostenta el vasito más pequeño.

Hoy Santiago cuenta con dos Hoyos: el Hoyo de arriba, en Franklin y el Hoyo de abajo, cerca de Estación Central. En ambos hace veinte años se venció la adversidad de la desgracia celebrando con el buen vino tibio o helado.

     
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