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Abril 2006
La voz de los '80
La década que debió rearmar la música popular chilena (continuación)

 

Antes que ellos habían estado los Pinochet Boys, de vida breve, presentaciones escasas y ninguna grabación editada (aunque hoy miles juren haberlos visto en vivo). No existía un "movimiento punk" como tal, si bien subsistían golpes musicales aislados unidos en su completa espontaneidad, precariedad y muy entendible disgusto con la época en la que les tocaba crecer a sus integrantes. Dentro de esta corriente nihilista debe ubicarse también a Los Jorobados, Zapatilla Rota e Índice de Desempleo (cuyo guitarrista trabajaba con una guitarra moldeada para asemejarse a un fusil M-16). Por falta de espacios y condiciones, muchos punkies chilenos debieron fundirse en un principio con las bandas de thrash que hacia mediados de los años '80 se tomaban cada fin de semana recintos como el gimnasio Manuel Plaza. En su mayoría, los jóvenes contra Pinochet preferían seguir las metáforas lánguidas y melodiosas del Canto Nuevo, sin que nadie hasta Los Prisioneros lograra despercudirlos.

Pero es mejor no imaginarse el uniforme riguroso de bototos, mohicano y alfileres de gancho en las orejas con el que hoy asociamos al grupo. Sin internet ni televisión por cable, el acceso de Chile a la información musical extranjera era peor que atrasado, y mal podía exigírsele códigos formales a un país que a principios de los años '80 todavía no se daba por enterado de la explosión de los Sex Pistols en Inglaterra. Pese a ello, la esencia espiritual básica del punk la tenían los Fiskales y otros grupos a plenitud. Era un grupo de músicos amateurs, dispuestos al "hazlo tú mismo" casi como único argumento existencial. Además, su aspecto seguía las pautas de delgadez, negro y "raros peinados nuevos" como traje oficial del descontento.

La resistencia a Augusto Pinochet era un caldo de cultivo lógico para una expresión así de radical, lo cual también explica que muchas de estas bandas fueran quedando en el camino o vieran su fondo agotado una vez que Chile se acomodó en la nueva figura de la transición democrática. Fiskales Ad-Hok y Los Miserables son las escasas excepciones de continuidad, que también han debido buscar nuevos blancos de ataque en el Chile actual, desde una vereda más humanista que ideológica.

El punk chileno de los '80 fue fundamental para legitimar en el país un modo de trabajo independiente, que hoy florece con infinidad de sellos autónomos (también los Fiskales tienen uno propio: C.F.A.) y giras autogestionadas por el extranjero, que han beneficiado también a bandas actuales como Pánico, La Floripondio y Guiso.

 
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