Rescate
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Febrero 2008
Entrevista con Ximena Trengove
Una conti arraigada en la memoria de Pascua (continuación)

 

Y a propósito de defunciones, Ximena ha desarrollado en paralelo un proyecto de rescate e investigación de las tumbas del cementerio del leprosario, en cuyos terrenos hoy se encuentra la Aldea Educativa, en donde fueron recluidos, durante 70 años, los habitantes rapa nui, que en la década de 1920 contrajeron la lepra proveniente de Tahiti. Junto a un equipo del lugar, estudiaron las tumbas en terreno, investigaron en el Registro Civil la identidad de las personas enterradas y les rindieron homenaje con una piedra esculpida con sus nombres realizada por un artista local. "Es un cementerio en un lugar muy inaccesible, que estaba totalmente abandonado, con una pirca desarmada, los animales lo habían destruido. Ni siquiera se veían las tumbas. Está en una zona arqueológica. Entonces, yo un día iba paseando con mi marido y un arqueólogo y me llamó la atención este terreno cercado. Me dijeron que era el cementerio antiguo del leprosario. Ahí vi una tumba con flores frescas, porque recién había sido el día de la madre. Y esto me produjo una gran atracción. Le conté a una amiga francesa que es casada con un rapa nui y que ha sido agregada cultural de Francia en varios países. Con ella fuimos al lugar. Enganchamos y nos planificamos. El marido de Lily hizo un memorial en piedra laja con todos los nombres y con las fechas de muerte. Llevamos a los parientes de la gente que había muerto ahí. Fue algo muy fuerte, muy emotivo". Se identificaron también cuatro tumbas de personas que no habían fallecido a causa de la lepra.


La época del leprosario

"En ese tiempo todo dependía de la Armada. Había un espacio restringido para transitar dentro de la aldea, ellos controlaban los barcos, que eran el único medio de transporte y también la salud. El leprosario era atendido por las monjas de Boroa, que venían de una localidad cercana a Temuco y habían trabajado en la Araucanía. Ellas se encargaban de las necesidades alimentarías y espirituales de los enfermos. El Padre Sebastián iba a hacer las misas y dar la comunión. Y la gente de la Armada venía a hacer sus rondas sanitarias. Cuando encontraban a alguien con una mancha los llevaban al leprosario. Entonces hubo mucha gente que no tenía la enfermedad y allí se contagiaba. Hubo gente que se sanó que les dieron tratamiento, otros se contagiaron y tuvieron que quedarse ahí. Era un reducto cerrado, la familia no los podía visitar. Estaban hacinados y hasta pasaban hambre".

Los que se curaron, y permanecen con vida, son unos pocos ancianos que se reconocen por secuelas como extremidades deformadas y ceguera. En el año '92 sólo quedaban 3 leprosos en el sanatorio. Fueron tratados, dados de alta y volvieron con sus familias. Desde ese momento la isla se declaró libre de lepra. Monseñor Edwards fue una de las pocas autoridades que, desde el continente, se preocupó de este tema, al cual se refiere en varias cartas que actualmente se conservan en el Museo Antropológico de Isla de Pascua.

 
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