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Plaza de Armas de Santiago.

Rescate
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Julio 2008
Jaime Valenzuela, historiador:
"La ciudad ya no es de los ciudadanos" (continuación)

 

Romanticismo burgués

En el siglo XIX, bajo la influencia del post romanticismo, a partir de la República se establece la plaza como un espacio arbolado de paseo para la burguesía. "Donde está actualmente el Portal Fernández Concha era un espacio de la elite. Se instala el orfeón, donde se toca música, los bancos para sentarse a conversar y a mirar. La burguesía ocupó la plaza como sitio de solaz, lo cual ocurrió en todo Chile. Por ejemplo en Curicó, de donde yo soy, y en muchas plazas de provincia, donde todavía el orfeón municipal toca música los domingos en el quiosco de la plaza".

La República establece, asimismo, normativas sanitarias y de ordenamiento del espacio público, fenómeno que se constata en toda América Latina. "Los muertos tienen que ir a un lugar específico. Se construye, entonces, el Cementerio General, y se acaba el uso de la iglesia como enterratorio y los cementerios privados. Los enfermos tienen que ir al hospital y no sólo depender de la caridad. El mercado, para matar animales, debe cumplir ciertas normas. De partida, salir del centro, y así nace el Mercado Central, se va cerca del Mapocho, donde estaba el basural de Santo Domingo, detrás de la iglesia del mismo nombre. Está en comunión con La Chimba, al otro lado del río y con las chacras. Hasta ahí llegan las carretas. El espacio de la Plaza de Armas se libera para la sociabilidad burguesa, el ejercicio del poder, las demostraciones de caballería militar, los paseos de carruajes, que se acompañan de los vendedores ambulantes, como el heladero, el yerbatero, que aparecen retratados en el atlas de Claudio Gay".


Espacio recuperado

El traslado del poder político hacia la Casa de Moneda, a mediados del siglo XIX, con el cual "se rompe con la tradición colonial de aunar el poder político, religioso y militar en torno a la Plaza de Armas y la progresiva emigración de las familias de elite hacia el oriente de la ciudad, permiten la ocupación de la plaza por parte de sectores medios y populares. "Hoy la gente juega ajedrez, se está mezclando mucho, se está habitando más el centro, hay mucha variedad. El hecho de que estén los inmigrantes peruanos, junto a distintos tipos de personas, significa que hay una recuperación de la popularidad y diversidad social que tenía la plaza originalmente, a pesar de que los chilenos, lo perciban como una decadencia".

Percepción determinada, en su opinión, por el racismo y la xenofobia, incapaz de apreciar las ventajas de la inmigración. "Los sectores populares han recuperado un espacio que era más diverso en la Colonia y que en el siglo XIX fue tomado por la burguesía", desarrollándose una tradición urbana de espacio verde de esparcimiento, el cual, según su visión "fue radicalmente interrumpido por la nefasta remodelación de la administración Lavín, que la rigidizó, la transformó en un artificio. Se perdió la amplitud, la sombra. No es como la plaza de Curicó, que mantiene el espíritu decimonónico".


Ciudadanos sin ciudad

Ni bajo ese "espíritu decimonónico" del espacio social burgués, que hoy día perdura en parques como el Cerro Santa Lucía y los jardines de la Quinta Normal, ni en el primitivo y convulsionado ajetreo de la Colonia, la plaza ha sido, según Valenzuela, un recinto tan controlado como lo es actualmente. Un asunto que se extiende a la totalidad del espacio público, que en su opinión "ha dejado de pertenecer al ciudadano".

"Desde la dictadura, el estado dispone del espacio público, ya no es del ciudadano. Es un estado autoritario y lo sigue siendo en términos del uso del espacio. La Concertación heredó este autoritarismo porque le servía… El Estado te presta el espacio, te dice por dónde tienes que circular, y en cuanto te sales de la regla, te reprime. Si uno observa cualquier registro anterior a la dictadura, como por ejemplo el documental La Batalla de Chile, uno puede ver como miles de personas marchaban por la calle y la fuerza pública apenas intervenía. La Plaza de la Ciudadanía es un ejemplo muy paradojal. Se sacaron los próceres y la llama de la libertad, para que fuera una plaza de todos. No sólo de los chilenos, también de los inmigrantes… no hay que olvidar que todos tenemos ascendientes inmigrantes, pero la Plaza de la Ciudadanía es, en definitiva una plaza bonita, despejada, construida para admirar el poder. Aunque es un espacio muy hermoso en términos arquitectónicos, es más bien hostil para habitarlo. Uno se siente mucho más agradado en el Parque Forestal o en la Quinta Normal. En la Plaza de la Ciudadanía, definitivamente, no puedes estar. Pero cumple bien su objetivo de antesala del Centro Cultural que está bajo ella, y que sí, creo yo, tiene el espíritu ciudadano de permitir el acceso a la cultura de alto nivel en un espacio bien provisto y bien moderno".

 
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