Rescate
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Julio 2008
Jaime Valenzuela, historiador:
"La ciudad ya no es de los ciudadanos" (continuación)

 

Diversidad insalubre

Rodeada de los edificios del poder, escenario de solemnes ceremonias monárquicas, y de rigurosas procesiones de Semana Santa, la Plaza de Armas de Santiago, es una especie de cancha ocupada por el pueblo, en donde tienen lugar todo tipo de actividades, transacciones y celebraciones, en una dinámica que atenta contra cualquier noción actual de salubridad, combinando el matadero (en un terreno eriazo contiguo a la plaza hacia el oriente) con el cementerio, al otro lado; el mercado (donde por cierto se vendían, entre otras cosas, los animales faenados) y la fuente de provisión del agua.

Un caos, a nuestros ojos, que en todo caso, concentra una intensa sociabilidad y constituye un espacio público en donde se convive dentro de una gran y real diversidad. "El mercado regular que se desarrolla en la plaza, convoca a campesinos que vienen de las chacras, artesanos que vienen de la Chimba, al otro lado del Mapocho. La esclava, la indígena iba a buscar agua. La plaza era un espacio fundamentalmente popular pero en el que se juntaban todos los grupos sociales. Ahí convivía la elite del poder y los edificios de poder con los indios peruanos que vivían en La Chimba y los negros que habían llegado como esclavos. Claro que era un espacio más controlado que la Chimba u otros sectores suburbanos, como La Cañada, o hacia Ñuñoa, donde empezaban las chacras, el campo…".

Juras públicas, cortejos y hasta corridas de toro se llevan a cabo en la plaza, así como el tradicional Tedeum, donde autoridades políticas y eclesiásticas se unen para realizar actos públicos con motivo de algún hecho importante, como el nacimiento del hijo de un rey o el nombramiento de una autoridad. "Era el único espacio relativamente despejado, lo demás son callejuelas llenas de barro y de todo tipo de desechos, una realidad que no se ha documentado en ninguna imagen que se disponga".


Te Deum realizado en la Plaza de Armas de Santiago.

Rostro Colonial

No existía, claro está, el servicio de limpieza municipal, y el empedrado de las calles dejaba mucho que desear. "La plaza no sería mucho más que un peladero. Es el espacio donde se matan las vacas, se consume, se vende, se juega dados, se pelea a cuchillo. Afuera del Cabildo todos los días se ponían los cadáveres de la gente que moría para que fueran a reconocerlos. La plaza era un espacio donde se mezclaba todo. Se hacia la jura de un rey, se hacía una corrida de toros, se hacía una ceremonia, el gobernador gritaba Viva el rey y al otro día de nuevo estaba el mercado…".

Con su fachada orientada hacia la calle Catedral, el principal templo de Santiago, muy distinto en apariencia del actual, disponía de un cementerio lateral hacia la plaza, "donde se enterraban los más pobres, que no tenían lugar adentro de la iglesia", en tiempos en que no existían los cementerios públicos. "Estaba la casa del obispo donde ahora está la Librería Manantial -describe Valenzuela-, el palacio del gobernador, que se ubicaba donde ahora está Correos de Chile; el Palacio de la Audiencia, que actuaba como tribunal de justicia, una especie de Corte Suprema, en lo que hoy es el Museo Histórico Nacional; el Cabildo, en la esquina donde está actualmente la Municipalidad, donde también funcionaba una cárcel".

 
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