Rescate
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Abril 2008
Patricia Stambuk
La voz de un pueblo extinguido (continuación)

 

Rosa Yagán

En analogía a lo que fue la chamán selk'nam Lola Kiepja para la etnóloga franco-americana Anne, a mediados de los años 60, abriéndole las puertas del universo de estos cazadores recolectores, Rosa Yagán, fallecida en 1983, fue para Patricia el punto de inicio de un viaje al interior del mundo de los canoeros yamanas o yaganes. Uno que ella pretende mostrar "desde adentro", sin intervención de la interpretación y la dirección del autor, para revelar un relato que no siempre resulta lineal y coherente a los ojos del lector occidental, pero que constituye una potente manifestación de la cosmovisión y el testimonio de quienes han sido protagonistas de una cultura extinguida, de inmensa complejidad espiritual y simbólica, admirablemente adaptada en uno de los medios más hostiles del planeta. Personas de singular fortaleza capaces de navegar por los fríos y tormentosos canales australes en precarias embarcaciones cazando y pescando productos marinos, siempre cuidando el fuego que llevaban en el fondo de la canoa.

Bautizada como Rosa Enríquez por la misión anglicana en la que se crió en Puerto Wiliiams, su nombre indígena era Lakutaia le kipa. Según ella misma lo explicaba, "Lakutaia es el nombre de un pájaro y kipa quiere decir mujer. Cada yagán lleva el nombre del lugar donde nace, y mi madre me trajo al mundo en la bahía Lakutaia. Por eso me pusieron por nombre Mujer Lakutaia. Así es nuestra raza, somos nombrados según la tierra que nos recibe. Pero ahora todos me conocen como Rosa, porque así me bautizaron los misioneros ingleses que vinieron a enseñar su religión a nuestra tierra".

Su figura se da a conocer a un público más amplio cuando, en 2003, salta a las páginas de espectáculos gracias al elogiado montaje teatral homónimo, realizado por la Compañía Equilibrio Precario. El montaje, basado en el libro de Stambuk, mezcla teatro de sombras; proyección de imágenes en blanco y negro; filmaciones de la década de 1920, hechas por el misionero salesiano Alberto María de Agostini y videos contemporáneos con breves apariciones de actores para relatar los momentos finales de Rosa, en los que ella revisa su vida, con segmentos grabados de sus propias declaraciones e impactantes escenas que ilustran las leyendas y tradiciones de su etnia, la más austral del mundo, exponiendo dramáticamente el exterminio de un grupo humano a manos de la colonización blanca. La obra se iniciaba con la proyección de una fotografía de Rosa. Patricia fue su más devota expectadora: "Volví 5 o 6 veces al teatro y siempre la obra partió con ella, con la "india vieja", como solía decir, que se convertiría en una de las amistades más bellas que he tenido en la vida".

Una enfermedad, en 1976, cruzó su destino con el de Patricia, quien entonces trabajaba en la Universidad de Magallanes y conducía un programa radial en una emisora local. "Un día en Punta Arenas me avisaron que había una india en el hospital. Partí de inmediato y avisé en mi programa que la iba a entrevistar. Era Rosa. Fue como que el tiempo se detuvo. De repente, ante mí, tenia a esta persona que era la encarnación de una cultura indígena primitiva. La entrevisté y después fui a visitarla a la villa Ukika. Allí conocí a Cristina y Úrsula (Calderón)… Ella siempre me decía, yo hablo muy poco. Y yo iba y grababa y grababa y no sabía muy bien para qué, pero sabía que estaba rescatando algo importante. Era muy emocionante".
 
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