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Diciembre 2002

Navidad en la Calle:

Un día para no excluir

 
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Aunque sólo sea por un día, cada año son más los chilenos que en Navidad sienten el llamado a contactarse con los pobres y solitarios. Compartir esta celebración con la gente de la calle es una de las opciones más recurridas. Sin embargo, el complejo mundo de los sin hogar sigue siendo incomprendido, estigmatizado, marginado y rechazado. "La calle es de todos -aclara Luis Ossa, director del Programa de la Calle, del Hogar de Cristo- Nuestra misión no es solucionarle el problema al vecino que no quiere tener a alguien que le afea el lugar".

Además de las actividades organizadas en los hogares de niños, ancianos y en los distintos programas del Hogar de Cristo, cada año, en Navidad, un número creciente de personas se acerca en forma espontánea y por iniciativa propia, a acompañar a los más desamparados. "Es típico que en la noche de Navidad llega gente de sorpresa con guitarra y con regalos, tanto a la hospedería como a la sala de enfermos terminales", explica Mónica Espósito, jefa del departamento de Desarrollo del Hogar de Cristo.

El interés de los chilenos en ciertas actividades como la Navidad en la calle ha crecido a tal punto, que para este 24 de diciembre el Programa de la Calle, que durante todo el año atiende en las noches a los adultos de las calle en Santiago, decidió no salir . "Hay un exceso de visitas a la gente de la calle-explica Luis Ossa, coordinador del Programa- Mucha gente quiere salir. Hay muchos grupos organizados, colegios, parroquias. Algunos salen durante todo el año y tienen sus rutas establecidas. Otros salen ocasionalmente y a veces nos llaman para que los orientemos dónde ír".

Para Ossa, Navidad no es la mejor fecha para visitar a su gente: "Es un día de mucho dolor, frustración, recuerdos. Además las personas que visitamos están con mucho alcohol en el cuerpo" El Programa de la Calle, que también incluye un trabajo diurno, forma parte del área Hospederías del Hogar de Cristo, que cuenta con hogares que funcionan como lugares de tránsito para que puedan vivir en ellas, esporádicamente, adultos sin hogar.

De sus 200 voluntarios, 50 pertenecen al Programa de la Calle. Entre ellos hay personas de distintas edades y estratos sociales, que respetan la opción de vivir en la calle desde una perspectiva abierta y no paternalista. "Nuestra función es apoyarlos y darles las herramientas para manejarse mejor en el sistema, si es que quieren hacerlo", afrima Ossa.


La calle es de todos

Se estima que sólo en la ciudad de Santiago hay cerca de 20 mil personas que viven en la calle. Las cifras en la comuna de Santiago, hablan de 2 mil. Factores sociales, existenciales, psicológicos, físicos, emocionales y materiales se combinan para determinar esta forma de vida. "Cosas familiares, situaciones conflictivas, crisis que no fueron resueltas de la manera más adecuada, discriminación social y racial -reseña Ossa-. Hay muchos mapuches, indocumentados de Bolivia y Perú, familias completas que se vienen del sur y no les resulta, gente con antecedentes, gente que sale de la cárcel y no encuentra trabajo. Factores de salud mental, drogas, alcoholismo, pobreza crónica. En general es una mezcla de la indigencia con la exclusión social".

Desde su punto de vista, los chilenos tenemos la imagen del "pobre viejito", que responde a un falso estereotipo: " En realidad hay gente joven, que ha llegado ahí por distintos motivos. Hay gente tan deteriorada, que parece anciana y no lo es.-explica Ossa- Nuestra mirada es discriminadora en los dos sentidos: los vemos como pobrecitos, con una actitud paternalista, desde arriba, o bien los miramos con miedo" Para él, más que hacer una actividad determinada, lo importante en Navidad, es abrirse a esta realidad diferente e integrarla. "La calle es de todos. Hay gente con problemas psiquiáricos, gente agresiva, pero otra muy buena, que llegó ahí por problemas de otro tipo, de vida".

Un asunto que no es ajeno a las políticas culturales y patrimoniales. "Hay que plantearse cuáles son los espacios que los centros culturales pueden brindar a la gente de la calle sin que dejen de ser de la calle". La responsabilidad social colectiva en este tema, aparece como la clave para un verdadero cambio en la cultura solidaria: "A veces la gente nos llama para buscar a alguien que está en la calle, pero nuestra misión no es solucionarle un problema a ese vecino que no quiere tener a alguien que le afea el lugar. A veces nos llaman por que un anciano se ha accidentado, y nosotros les decimos que llamen a la ambulancia, que es más útil. Muchos se lo toman mal. Falta un compromiso social, que la sociedad asuma que esto existe".

         
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