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Hans: muñeco de carey de la famosa casa alemana, fundada en 1889, llamada en Chile "Tortuga". Esta marca se vende en nuestro país desde los años 40.
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Noviembre 2003


Coleccionismo, fabricación y restauración

Un mundo de muñecas (continuación)

Alemania - Paris- Rosas

Grecia y Egipto son la cuna de estas pequeñas representaciones de seres humanos que podemos comenzar a llamar muñecas y que están presentes en todas las culturas de la antigüedad. Y aunque en Inglaterra y otros paises europeos se fabricaron muñecas de cera y otros materiales desde el siglo XVI, fueron los alemanes los primeros grandes fabricantes de muñecas de porcelana a mediados del siglo XIX. De este mismo origen son las más importantes marcas que hoy se encuentran en Estados Unidos. Tras la Primera Guerra Mundial, los germanos que emigraron a Francia, comenzaron a fabricar las más afamadas muñecas , salidas de los hornos parisinos, de las marcas Jumeau y Bru, actualmente muy escasas y de precios exorbitantes. Sus catálogos, en donde se aprecia todo el vestuario de las muñecas, promueven las bondades del bolillo, el macremé, la seda y el lino, reproduciendo los modelos que hacen furor entre las damas de la época. Se editan libros sobre sus peinados, zapatos y sombreros.

El auge de la moda en la época victoriana, determinó en gran medida la época de oro de las muñecas: "Las muñecas son una representación de las personas, hay bebés, niños, señoras. Tienen relación con los protototipos, los ideales que emergen con fuerza junto a la moda y el glamour europeo, que tiene su epicentro en París". Así surgen las muñecas "fashion" que eran usadas como maniquies para exponer trajes en las vitrinas de las casas de moda. El nivel de máxima calidad se ubica en Francia entre 1880 y 1890. "Si a estas muñecas tú les cuentas las pestañas tienen exactamente la misma cantidad en cada ojo. Tú ves la calidad en el trazo, en la boca, en varios detalles sabes si es una muñeca top o no" En cuanto a la antigüedad, un dato clave lo entrega el pelo: "Cualquier muñeca que no tenga pelo natural o de moair, que es una lana de cabra, no puede tener más de 80 años".

Hasta mediados del siglo XX las muñecas europeas fueron en Chile un lujo sólo para ricos, que llegaba en los barcos con los viajeros afortunados. Especialmente las alemanas Armand Marseille y Simon & Hulbig. "La familia de mi suegro tenía la relojería Sostín y aprovechaban sus importaciones para traer muñecas", cuenta Katrina, quien, posee algunas de ellas. "Eran tan caras, que no las usaban para jugar, sino que las guardaban en vitrinas. Mi mamá tenía una y que era la Shirley Temple, y mi abuela se la escondían arriba del ropero y ella vivia con la desesperación de no poder tocarla. Hasta que un día una nana se la robó. Mi mamá quedó traumada para siempre con esto. Las muñecas siempre fueron para ella un objeto de deseo".

Si bien las muñecas llamadas "tortuga", en alusión al logo de su marca alemana, fueron de las primeras que llegaron en forma algo más masiva, a partir de los años 40, fabricadas en carey, aún eran demasiado caras para la gran mayoría de los bolsillos nacionales. Las muñecas chilenas, ampliamente accesibles fueron aquellas producidas desde los años 30 en la calle Rosas, con cuerpo de trapo y cara de cartón piedra, o bien una combinación de yeso con tela de saco, y ojos de vidrio. Eran las famosas dormilonas, que Katrina soñaba con ganarse en los bingos del balneario de Cartagena. "Eso y la caja de galletas de metal, que podía usarse como costurero".

En la década del 60 ya llegan a Chile masivamente muñecas de plástico ampliamente accesibles. "Son muy populares unos muñecos que llegan a Tacna". Una falla de fabricación hacía que éstos perdieran los dedos al poco tiempo. "Yo tenía uno y decía que esto se debía a que yo habia tomado Talidomida", cuenta Katrina, recordando el famoso medicamento que en esos años produjo tantas malformaciones en los hijos de madres que lo consumieron durante el embarazo. Estas y muchas otras historias y vivencias se entretejen en el mundo de muñecas de Katrina, que, durante toda su vida, ha llevado consigo a sus inseparables compañeras, sin abandonar a ninguna de las que llegaron a su lado desde el día en que nació. Y detrás de todo esto no hay otra cosa que su profunda complicidad con la mirada infantil. Una mirada que, algún día, quiere volcar en libros de cuentos que transporten a los niños y los hagan soñar.

         
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