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Las famosas "dormilonas" con cuerpo de trapo y cara de cartón piedra o yeso con saco, fabricadas en los años 30 en la calle Rosas, en Santiago.
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Esta muñeca hecha por Katrina, está inspirada en el rostro de su hija.
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Coleccionismo, fabricación y restauración

Un mundo de muñecas

Desde la primera vez que tuvo una muñeca en sus manos, Katrina Maturana inició una colección que hoy suma varios cientos de ejemplares de todas las épocas, tamaños, materiales y procedencias. Guardarlas, vestirlas, repararlas, fue un instinto cultivado desde la infancia. Las fabrica en porcelana, las busca en viajes y anticuarios y restaura aquellas que han sido conservadas por las familias a lo largo de varias generaciones. Crear un museo dedicado a las muñecas es su gran sueño, así como reproducir a personajes de la historia y la literatura chilena y generar figuras que representen nuestra identidad. Otro anhelo, apenas confesado, es el de escribir cuentos para niños.

Comunícate con Katrina en: katrinamaturana@yahoo.com

- Tesoros sin precio: El incuantificable valor emocional de las muñecas.

- Alemania - Paris- Rosas: De las inalcanzables muñecas europeas a las populares "dormilonas" fabricadas en calle Rosas.

Tras titularse como diseñadora en la Universidad de Chile, Katrina Maturana se dedicó al diseño de muebles y luego a dar clases en el Duoc, perteneciente a la Universidad Católica. Paralelamente, desarrollaba su afición a las muñecas, cultivada desde la infancia. Esta, unida a su incursión en la cerámica, donde encontró su vocación "porque ahí se reunían los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire" la llevó a hacer un curso en Orlando, Miami, para fabricar muñecas de porcelana. Ahí se suscribió a revistas, comenzó a aprender, a engrosar su colección, a hacer y restaurar muñecas y se sumergió definitivamente en este universo de recuerdos, fantasias y miniaturas. Un mundo en el que ha involucrado a toda su familia: desde su marido, quien la acompaña a pesquizar sus criaturas en bazares, fábricas y anticuarios de Santiago y del mundo, hasta su hija de 11 años, que ya está haciendo sus muñecas para regalar en navidad, pasando por su padre y su madre, que una vez a la semana vienen a su taller a fabricar y reparar.

"Con todo este tema de la pedofilia, todo lo que están enfrentando los niños, me gustaría ofrecerles un momento y un espacio para la fantasía", dice Katrina, desde hace un tiempo abraza el sueño de crear un museo en donde los más pequeños puedan conocer esta fascinante colección y además participar en talleres. Proyecto que nació del interés del público por visitar su tienda y taller, hoy trasladado a su casa: "Era tanta la gente que llegaba y lo que me preguntaban y me conversaban que ya no podía trabajar. Por eso pienso que hay un interés y que hay que abrirlo al público". En el intento de hacer muñecas con vestuarios chilenos, tanto folclóricos como de época, Katrina se puso a buscar información sin encontrar más que la historia del vestuario escrita por la historiadora Isabel Cruz. Reproducir a Javiera Carrera o a Paula Jaraquemada, son algunas de las ideas que rondan su cabeza. "En todos los países las muñecas representan la identidad de una cultura. Me gustaría que eso también pasara aquí. Que hubiera una muñeca chilena tan bien hecha como las españolas o las japonesas".

Pero más allá de la motivación cultural, lo suyo es casi un instinto maternal: "Veo una muñeca que le falta una patita o que está piluchita y me da pena. Y digo: la voy a tapar, y le pongo cualquier trapito. O de repente, alguna cliente me trae una de esas muñecas peladas como a machete y me acuerdo de cuando era chica, de los intentos de hacerles un corte de pelo espectacular y de la frustración de dejarlas en un estado lamentable. Entonces me esmero en ponerle un pelo bonito".

         
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Noviembre 2003
     
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