El arqueólogo
Francisco Mena, Sub Director
del Museo Chileno de Arte Precolombino,
habla de los mitos y verdades,
leyendas y polémicas,
en torno a Monteverde, en las
cercanías de Puerto Montt.
Un sitio arqueológico
que, a pesar de constituir un
caso único, pone en la
discusión mundial las
teorías sobre el poblamiento
de América y replantea
los conocimientos sobre las
formas de vida de sus primeros
habitantes. Ejemplo emblemático
de noticia "best seller"
de la ciencia, cuya amplia difusión
mediática, sobre la base
de la espectacularidad de los
datos, oculta muchas veces lo
realmente importante y genera
confusiones en un público
que no ha sido educado para
"leer" la información.
Los
misterios de Monteverde
Misterio: Nunca se usa este término
para referirse a la ciencia. La
verdad es que hasta es de mal
gusto. Sin embargo, voy a atreverme
a probar si ayuda a comunicar
este tema del que se ha escrito
tanto, la mayoría de las
veces promoviendo más confusión
y malentendidos. Voy a atreverme
a partir diciendo que Monte Verde
es una especie de "milagro"
y -como tal- es un caso extraordinario
y sorprendente, frente al cual
es esperable que haya escépticos
y convencidos.
Durante más de cien años
se ha venido discutiendo cuándo
fue poblado América, y
aunque las evidencias más
redundantes y convincentes correspondían
a lo que se ha llamado "Clovis"
en Norteamérica hace unos
once mil años, muchos arqueólogos
creían que debe haber habido
gente en este continente mucho
antes. El gran mérito de
Tom Dillehay fue haberse propuesto
convencer a los escépticos
y aportar evidencias a favor de
la hipótesis de un poblamiento
temprano de América, en
fechas similares a las que Clovis
ostentaba.
El sitio de Monte Verde, cerca
de Puerto Montt, ofrecía
condiciones excepcionales para
un estudio de este tipo. Aquí
había habido una sola ocupación
y la estratigrafía estaba
relativamente intacta, de modo
que los escépticos no podían
esgrimir el argumento de la "revoltura"
y poca claridad de las asociaciones,
que resulta en la mayoría
de los casos demoledora. Las fechas
radiocarbónicas eran suficientes
y coherentes, revelando más
allá de toda duda razonable
que el sitio tenía alrededor
de 12.500 años. La preservación
de materiales orgánicos,
entre ellos cordeles anudados
y estacas de madera, demostraba
claramente actividad humana, pese
a las dudas de muchos, acostumbrados
solamente a reconocer evidencia
artefactual en materiales durables
como la piedra.
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