Falsos estereotipos de la cultura popular han contribuido a desvirtuarla.
 
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Abril de 2003


Micaela Navarrete, directora del Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares de la Biblioteca Nacional:

"El pueblo tiene menos doble estandar"

La directora del Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares de la Biblioteca Nacional, Micaela Navarrete, habla sobre el histórico maltrato del cual ha sido víctima la cultura popular chilena. Clasismo, doble estándar y vulnerabilidad a las influencias extranjeras, aparecen como las principales causas de un problema que amenaza la sobrevivencia de nuestro patrimonio intangible. Las soluciones pasan por una mayor rigurosidad a la hora de desarrollar proyectos, así como por la capacidad de trabajar en conjunto con quienes manejan el tema e incorporar a los propios cultores.

Por Rosario Mena

- ¿Cómo resumiría usted el proceso histórico por medio del cual la cultura popular es marginada del sistema imperante?

- No es que ha sido marginada, porque nunca tuvo un lugar, porque siempre fue "la otra cultura". La cultura popular española que pasó a América era algo que escapaba a los objetivos de la Corona, que se proponía evangelizar, conquistar tierra, hacer fortuna. Pero esta cultura pasa a pesar de la corona. Junto con los conquistadores viene gente que no está ni pa nobleza ni pa trabajar en la tierra. Gente que estaba pa la aventura. Gracias a ellos hay una cantidad de tradiciones, de saberes transmitidos por la cultura oral, sobre sus comidas, sus ritos, sus creencias, sus cuentos, leyendas, sus miedos. No sólo pasó la lengua y la religión, como dice la historia oficial. Pasó también la "mala lengua" la lengua del pueblo, que a pesar de la globalización y de la modernidad, persiste. El punto es que siempre existe un grupo "culto" que considera que lo del pueblo no tiene un rango cultural. Sin embargo, el pueblo no siempre se siente marginado. También existen espacios en los que se siente super cómodo, en su salsa.

- ¿Hasta qué punto esa marginación responde a una represión por parte de las clases dominantes?

- En el tema de la religiosidad popular, ésta era relajada, suelta, festiva. Este aire olímpico del pueblo español pasa a América con toda su desfachatez. Las fiestas son carnavalescas, con baile, con canto, con harta comida y mucho trago. Para las elites dominantes eso siempre fue desorden. Lo que pasa es que el pueblo tiene menos doble estandar, se muestra como es. En la elite se toma lo mismo, se emborrachan, incluso se drogan, pero puertas adentro. Entonces se permiten criticar los desbordes del pueblo. En la colonia tanto la iglesia como el gobierno reprimieron las fiestas populares. Los villancicos no se podian cantar ni afuera de la iglesia ni en la calle, la autoridad civil prohibe las fiestas en la Alameda, porque, efectivamente, muchas veces terminaban en peleas. En el siglo XX los velorios de angelitos fueron muy reprimidos y criticados por la alta sociedad. Llegan a prohibirlos y se hacen escondidos. Las elites no logran comprender por qué el pueblo hace fiesta cuando alguien muere. Luego, intervienen también las normas de salubridad, el muerto tiene que estar en un ataud y no sentado en una silla. La ley dice que tú no puedes tener a un muerto más de 48 horas. Los velorios duran varios dias, porque vienen visitas y familiares de muy lejos, hay que recibirlos y después atenderlos. Se mataba a un animal, habia mucho vino. Y los que llegaban también traian cosas para cooperar. Se empieza a generar el rumor de que incluso se prestan a los angelitos para seguir la fiesta en otra casa. Esta tradición se convierte en algo muy cuestionable.

- ¿Qué papel juega la internalización de los usos y costumbres en este fenómeno?

- Está en juego la pregunta de qué es la cultura. Y por qué llegamos a asumir tan fácilmente que lo que llega de afuera es lo importante, al punto de que no valoramos nuestros propios ritos pero nos entusiasmamos con el reportaje del cable de los ritos en Tahiti. Porque la tele define qué es lo que vale culturalmente. Basta que un periodista en la tele diga algo mal dicho, y lo adoptamos . El caso del halloween es increible. Llegó por la tele y se introdujo completamente en la sociedad chilena. El problema es la avalancha muy violenta de expresiones foráneas que se encuentra con la vulnerabilidad del chileno, que rápidamente reniega de su cultura. Especialmente los chilenos de la ciudad. Son gente con muy poco arraigo, que adopta fácilmente costumbres del habla, la comida, ritos como el halloween, los huevitos de pascua. Esto hace que se legitime el desprecio de nuestra cultura popular , el deseo de parecerse a lo que hay afuera y, por otro lado, distinguirse de los rotos. Por otro lado, la cultura popular se desvirtúa, y se formatea con una imagen más comercial, más kitch. Se adoptan cosas como el huaso pituco que nunca existió en Chile, tipo Onofre Jarpa. Y además, los medios masivos se mofan de los campesinos, los ridiculizan, los ponen como el huaso tonto o caricaturizan su manera de hablar. Por ejemplo Sabatini, que ha hecho un buen aporte con sus teleseries, ridiculiza el habla de los campesinos. Las empleadas que vienen del campo nunca hablan como la empleada de su teleserie.

     
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