Rescate
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Agosto 2006
Margot Loyola
Tonada cosechada en el campo (continuación)

 

- Fueron cinco años de trabajo suyo en terreno. ¿Qué ventaja cree usted que eso terminó dándole al libro en comparación con los trabajos académicos que ya existían al respecto?

- La tonada viva llega mucho más que las palabras. Hay un grupo de estudiosos en todo el país, y que están como en un hilo unidos con nosotros, hacia el norte y hacia el sur, pero que no se conocen mucho. Y ellos pueden llegar más lejos que un gran literato, que un gran estudioso, que un gran musicólogo. Porque el musicólogo escribe para un público muy pequeño. No todos lo entienden.

- Ha sido constante esta preocupación suya por preservar el saber espontáneo, no derivado de la instrucción, pese a que usted es una conocedora profunda de lo que escribe.

- Le voy a contar algo que creo que nunca ha salido. Cuando fuimos por primera vez a Colombia con Palomar el conjunto que Loyola fundó en 1962 junto a su alumno y luego esposo, Osvaldo Cádiz cantamos para unos campesinos muy pobres, que llegaron a escucharnos con sus machetes al hombro. Sin saber qué les iba a parecer nuestro trabajo, cantamos y bailamos en una pieza pequeña, que no era ni siquiera un teatro. Cuando terminamos les pregunto: "¿Qué les ha parecido?". Entonces uno me dice: "Usted no me parece artista". "¿Y qué le parezco yo?", le pregunto. "Campesina, igual que nosotros". Yo le dije: "Eso es lo más lindo que me han dicho en mi vida. Escríbamelo por favor". "Es que no sé escribir", me respondió el hombre. Qué lindo, ¿ah?

- Imagino que algo así es mejor que cualquier elogio.

- Mejor, sí. Qué mejor que alguien así se sienten identificado con mi trabajo. Lo que se me ha dicho en las academias yo lo agradezco mucho, porque admiro también a los académicos. Pero lo que dice el pueblo para mí es superior.

- ¿Por qué?

- Porque busco interpretarlos. Ellos están dentro de mí. Yo en cada presentación tengo dos mundos: el que tengo delante de mí, la gente, lo que veo; y el mundo que traigo dentro. Entonces yo canto y entrego ese mundo interno, y luego le sonríe al mundo externo que está al frente mío. Es muy lindo todo lo que me pasó siempre en los escenarios. Tanto mundo que recorrí: ¡tanto! Yo fui dos veces a Europa, y siempre llegué a la gente. En algunas partes me decían: "No nos gusta mucho la canción, pero nos gusta usted".

 
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