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Diciembre 2006
Juan Bautista Peralta
Bautista por partida doble
De niño fue suplementero. En su adultez fue periodista, poeta, cantor, editor, administrador de periódicos y dirigente sindical. Esta es la historia de un trabajador pobre, analfabeto y ciego: Juan Bautista Peralta. El hombre que al bautizar sus impresos para distinguir su trabajo con respecto al de sus colegas, acuñó, sin pretenderlo, el término "Lira popular", nombre con el que actualmente se denomina a la literatura de cordel que circuló desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la década de 1930. Para poner en valor y dar cuenta de su legado, el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares de la Biblioteca Nacional organizó una muestra de 30 pliegos originales, además de lanzar un libro que recopila las composiciones de este autor.

Continuando con su labor de investigación y difusión en torno a este legado, el Archivo de Literatura Oral y Tradiciones Populares de la Biblioteca Nacional, organizó en el Centro Cultural Palacio la Moneda, una muestra de 30 pliegos originales de la literatura de cordel. Estas hojas impresas con versos dedicados a lo humano y a lo divino, cuyo origen se remonta a los inicios de la imprenta en Europa, como en ninguna otra tradición, entremezclan la cultura oral y escrita.

Conjuntamente, el Archivo lanzó el libro "Por historia y travesura. La Lira Popular del poeta Juan Bautista Peralta", donde se recopilan más de 200 poemas publicados en los 164 pliegos que conserva la Biblioteca Nacional. El volumen, que cuenta con un estudio introductorio del investigador Tomás Cornejo, es "una nutrida fuente para estudiar nuestra historia y nuestra literatura desde la mirada del pueblo chileno", como afirma en el prólogo Micaela Navarrete, jefa del Archivo y principal impulsora de esta iniciativa.


Periodista de la clase obrera

Juan Bautista peralta nació en 1875, en la cuna de una familia pobre de Lo Cañas, una zona aún rural al sur-oriente de la capital. A los ocho años comenzó a trabajar como suplementero, oficio común para los niños de su edad, encargados de vender en las esquinas los periódicos satíricos y las hojas de poesía, según Micaela Navarrete las "principales formas de comunicación impresa que entonces existían en el país". Para publicitar las noticias los vendedores aprendían los versos de memoria, transformando el mensaje escrito en cultura oral.

Ciego, debido a una peste que lo atacó en la infancia, se acostumbraba ver a Peralta andar por las calles con un lazarillo durante su vejez. Para llevar a cabo su oficio, trabajaba con un secretario que transcribía sus dictados. "Cuando algún verso le cojeaba, contaba las sílabas con los dedos, componía, arreglaba la estructura métrica, y ya estaba su voz cavernosa y ronca dictándole al Secretario", señalaba el diario capitalino Los Tiempos, con ocasión de su muerte en mayo de 1933.
 
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