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Febrero de 2004


12 de febrero de 1541, Fundación de Santiago:

Una empresa violenta (continuación)


Con el pasar de los meses, y pese a la deserción de varios indios, la ciudad comenzó a tomar forma. Unas cuántas chozas servirían como edificios de administración, otras se vislumbraban como residencias de los señores conquistadores. La empalizada crecía y ya rodeaba toda la ciudad. Fuera de ella, las tierras cultivadas comenzaban a dar frutos. Sin embargo, era necesario salir a buscar el oro que garantizara la riqueza y encontrar una bahia apropiada para recibir provisiones del Perú.

La expedición partió rumbo a la costa, encontrando en su camino palmas autóctonas y otras especies nativas, hasta que llegaron al estero Marga Marga, en donde, tal como se rumoreaba, había oro, aunque no en abundancia. En Concón se improvisó un precario puerto y en el estero se puso a los indios a trabajar con una muy baja productividad.El trabajo forzado, los castigos, la prohibición de practicar sus tradiciones, y la imposición del catolicismo fueron detonantes del levantamiento indígena liderado por Michimalonco, cacique del valle del Mapocho, que aprovechó la salida exploratoria de un contingente de soldados al mando de Valdivia, para atacar Santiago por los 4 costados, el 11 de septiembre de 1541.

El objetivo era expulsar a los intrusos y rescatar a los caciques injustamente encarcelados tras la empalizada española.
El ataque, violento y sorpresivo, que acabó con los sembradíos e hizo arder en llamas toda la ciudad, mientras las milicias intentaban defenderse y las tropas de Michimalonco trataban de recuperar a los cautivos, fue reprimido definitivamente por una mujer que pasaría a la historia por su decidida frialdad. La imagen de Inés de Suárez, amante de Pedro de Valdivia, que apareció con la cabeza de uno de los cautivos en el extremo de una lanza, para luego exhibir muchas otras como forma de amedrentamiento, quedaría grabada para siempre, ya sea como uno de los íconos de la brutal masacre contra nuestros indígenas, o como símbolo de una admirada fortaleza femenina.

La desesperanza y asombro cundió entre las tropas de Michimalonco y pronto todos se retiraron del lugar, asqueados, agotados y sorprendidos, dejando atrás sólo ruinas y humareda. Tal fue el panorama que encontró Valdivia al regresar. A la destrucción se sumaba la escasez de comida y ropa, de animales y semillas. En pocos meses los conquistadores constituian un grupo de hombres hambrientos y harapientos. Los esfuerzos para conseguir provisiones desde el Perú se volvieron desesperados pero la tenacidad de Valdivia se impuso y finalmente apareció en Concón el barco Santiaguillo, que seria la salvación de Santiago.

     
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