Los tehuelches, indígenas de la zona, fueron seguramente precedidos por otras poblaciones a las que pertenecen los restos encontrados en la investigación.
 
Las investigaciones llevadas a cabo cuestionan la relación de presa-cazador entre el extinto milodón y los primeros humanos que habitaron Patagonia.
 
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Febrero de 2004


Investigaciones arqueológicas en Aysén

Pistas de la prehistoria americana

No sólo su biodiversidad, su riqueza ecológica y su potencialidad turística hacen de Patagonia una joya en el planeta. Recientes hallazgos arqueológicos de esqueletos de más de 8500 años, la señalan como uno de los centros más importantes en todo América en lo que respecta al estudio de los orígenes del poblamiento del continente. Su proyección depende de la valoración, por parte de las autoridades regionales, de las investigaciones de largo plazo, que no se traducen, automáticamente, en turismo y en dinero.

En todo el continente americano (desde Alaska a Tierra del Fuego) se conocen apenas unos veinte sitios con restos humanos de una antigüedad superior a los 8 mil años, la mayoría de los cuales no han sido excavados con el cuidado y profundidad con que se está abordando la investigación en una cueva cercana a Ñirehuao, en la región de Aysén, donde se han hallado seis esqueletos de más de 8.500 años, los más antiguos de toda la Patagonia.

El proyecto, de 3 años de duración, desarrollado por arqueólogos y otros especialistas chilenos y extranjeros y financiado por el Gobierno, a través del Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicyt), cuenta con el auspicio de la Universidad de Chile y el Museo Chileno de Arte Precolombino. "Considerando que en este sitio se han hallado restos de seis individuos, podemos decir que alrededor de un cuarto de los esqueletos humanos más antiguos de América se han hallado en la Región", señala el arqueólogo Francisco Mena, a cargo de la investigación.

Los restos humanos, óptimamente conservados, han sido datados directamente en el hueso, a través de la aplicación de Carbono 14, procedimiento que no se ha realizado en muchos casos de esqueletos antiguos del continente. Su importancia radica, principalmente, en las pistas que éstos pueden aportar al esclarecimiento de las interrogantes en torno al poblamiento de América. Estas se suman a los hallazgos que cuestionan la teoría, por largo tiempo sostenida, de que los actuales indígenas americanos son de origen mongoloide y descendientes directos de los primeros hombres llegados a través del Estrecho de Bering, planteando la posibilidad de distintos poblamientos ocurridos con diferencias de cientos o miles de años y de poblaciones extinguidas cuyas características raciales no guardan relación con las actuales.

El hombre y el milodón

Menos espectaculares, pero igualmente importantes, han sido los descubrimientos con respecto a la relación de coexistencia entre el hombre y el milodón. El hallazgo de excrementos de milodón, un animal similar a un oso hormiguero que vivió en la Patagonia hasta hace unos diez mil años, junto a instrumentos y restos de fogones pertenecientes a seres humanos, fue interpretado en un principio como clara evidencia de que este animal había convivido con los más antiguos cazadores de la zona, quienes lo habrían cazado y comido.

Sin embargo, estudios posteriores señalan otras razones por las cuales estos restos animales y humanos pueden ser encontrados juntos sin que, necesariamente, hombre y milodón hayan sido cazador y presa. Ni siquiera es seguro que hayan coexistido. "Pudieron carroñear sobre milodones ya muertos por otras causas. Tal vez ambos coexistieran, pero no se toparan. Es posible que los milodones eludieran a los humanos y viceversa, o que una misma cueva fuera usada en un período del año por milodones y en otro momento por hombres". Considerando, por ejemplo, que la mayor parte de la evidencia de presencia del milodón corresponde a "huesecillos dérmicos".

No es descartable que tanto los restos correspondientes a animales como a humanos, todos de muy pequeño tamaño, se hayan desplazado por efecto de los hielos, los ratones o la gravedad y "que estemos encontrando junto lo que nunca estuvo junto en realidad", como señala Mena. "Puede que el hombre no sea el responsable de la extinción de esta y otras especies gigantes que desaparecieron de la faz de la Tierra hace unos diez mil años. Nos vemos en la obligación de considerar atentamente la posibilidad de que estos animales se hayan extinguido simplemente por un cambio ambiental y climático demasiado brusco para ellos".

En esta línea, los científicos del proyecto están investigando otros aspectos tales como sedimento, polen vegetal, roedores y lagartijas en estratos de distinta antigüedad. "Estos trabajos pueden no parecer demasiado espectaculares o glamorosos, pero están entregando información fundamental sobre muchos problemas relacionados con el pasado, no sólo de este rincón del mundo, sino de todo el continente americano", explica el arqueólogo. En su opinión, el cortoplacismo y el énfasis económico que priman en la región impiden la valoración de estas investigaciones "por sí mismas, al margen de su eventual contribución al turismo. La investigación arqueológica en Aisén -agrega- tiene otras pretensiones, mucho más amplias: aspiran a comprender, paso a paso, la historia de estas tierras".

 
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