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Octubre 2004


Eugenia Huici

La bella visionaria (continuación)

Devota de las vanguardias pierde interés en la pintura tradicional y académica de su marido. Empieza a frecuentar Biarritz, donde adquiere una hermosa villa, que llama "La Mimoserie", por la cantidad de mimosas que en su jardín florecían. En ella recibe frecuentemente a Picasso, quien pinta deslumbrantes murales en sus paredes. En tanto, ella lo aconseja y lo introduce en la alta sociedad, donde el cubismo aún no se conocía, además de apoyarlo financieramente. Stravinsky y el poeta Blaise Cendrars son otros de sus protegidos, a los que acoge, orienta y financia.



Queda viuda en 1927 con tres hijos, viendo su fortuna bastante menguada. Nunca se preocupó de las finanzas y sólo sabía gastar dinero en cosas bellas, atendiendo a sus amigos artistas. Piensa, entonces, volver a Chile. Casi todas sus amistades de juventud, representantes de la vida esplendorosa chilena y que dejaron en los salones europeos cuantiosas fortunas, ya habían regresado a su tierra natal. Le pide a Le Corbousier los planos para construir una casa en Viña del Mar. El proyecto es ejecutado en 1931 pero, por paradojas de la vida, la "Villa Eugenia" termina construyéndose en Japón.

Retrato de Eugenia Huici
realizado por Pablo Picasso.

Continúa viviendo en Biarritz, pero sus grandes amigos, dueños ya del aprecio y reconocimiento mundial, la visitan cada vez menos. Acostumbrada a recibir elogios por toda una vida, le cuesta asumir que su belleza va disminuyendo y que se va transformando en una encantadora anciana. La salud, la juventud dorada y el dinero se han ido. Los tiempos de guerra se hacen sentir con la escasez y termina refugiándose en una pieza de su otrora concurrida casa, aunque sin perder el exquisito gusto con que disponía de sus posesiones. Su hijo Max ha muerto y la soledad la embarga.

Finalmente, terminada la Segunda Guerra Mundial, sube por primera vez a un avión para regresar a Chile. Sobrevive a un atropello y, ya con noventa años, se va apagando sin ganas de seguir viviendo. Atrás queda la leyenda y la imagen glamorosa, las pinturas esparcidas por el mundo de Sargent, Picasso, Helleu, Blanche y Boldini. La Mimoserie fue vendida y sus pinturas de Picasso también. Todo se fue y, como la mayoría de los chilenos que se convirtieron en estrellas cosmopolitas de los salones de la alta sociedad europea, terminó volviendo a su tierra natal cuando el oropel se extinguió. Sin embargo, su concepto, su gusto y su intuición dejaron una huella decisiva en las artes decorativas que perdura hasta hoy.

         
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