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Junio de 2003


Libro Estaciones Ferroviarias de Chile

Hangares de la memoria

Comprometido con el rescate de la memoria en torno al patrimonio ferroviario chileno, el ilustrador y maquetista Pablo Moraga Feliú, miembro de la Asociación Chilena de Conservación del Patrimonio Ferroviario, publicó con el apoyo de la Dibam el libro Estaciones Ferroviarias de Chile. En él recoge, con fotografias, datos y descripciones, el recuerdo de aquellos edificios que, repartidos a lo largo del territorio, albergaron trenes, mercancias, equipajes y los sueños de miles de pasajeros que atravesaron las fronteras de sus pueblos, campos y ciudades, en búsqueda del nuevo mundo de progreso que el ruido de las locomotoras anunció a los cuatro vientos.

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A comienzos de los años cincuenta dejó de existir, en el mismo céntico lugar donde hoy se encuentra la Plaza Baquedano, la Estación Providencia, también llamada Estación Pirque. Desde allí salía y hasta allí llegaba un tren que llegaba hasta Puente Alto y mantenía conexión al interior del Cajón del Maipo. Como ella, son muchas las estaciones a lo largo de Chile que fueron demolidas con el desmantelamiento de los recorridos ferroviarios que fueron desechados por las políticas y sistemas de transporte. Sólo en Santiago existieron, hasta hace pocas décadas, además de la Estación Central, nuestro único terminal de trenes actual, las estaciones Mapocho, Yungay, San Diego, Ñuñoa, Lo Espejo y la, ya nombrada, Providencia.

Donde hasta la mitad del siglo XX, los habitantes de pueblos y ciudades chilenos, reconocieron un privilegiado espacio público, signado por el encuentro entre lugares y gentes , el intercambio comercial, la llegada de las noticias, mercancias y parientes, hoy se levantan locales, centros comerciales, bodegas y otros establecimientos, que en la minoría de los casos conservan el edificio original en dignas condiciones. Mientras que muchas fueron destruidas y otras hoy son sólo ruinas, las que aún conservan su actividad constituyen un patrimonio vivo imposible de ignorar. De ellas, la más antigua es la Estación de Copiapó, construida en 1854.

De todo esto, y de lo que significó para el país en diversos ámbitos, quiere dar cuenta Pablo Moraga Feliú en su libro Estaciones Ferroviarias de Chile, un volumen que más que ser exhaustivo en la información, pretende despertar la memoria y emocionar al lector con imágenes y pequeños textos que digan algo signficativo respecto de sitios y edificios emblemáticos, que fueron protagonistas de la vida de un Chile desaparecido, que en pocas décadas se ha vuelto irreconocible.

La majestuosidad de la Estación de Concepción, inaugurada en 1874 y destruida por el terremoto de 1939, la belleza de estaciones de campamentos salitreros como el de María Elena, cuya construcción respecta la arquitectura tradicional altiplánica, el clásico semblante que lucía en 1912 la Estación de Temuco, hoy reemplazada por un moderno edificio, o los increibles parajes de la cordillerana estación Juncal, ubicada en la alta montaña y concentrada en mantener expedita la via del Ferrocarril Trasandino a través de la operación de los barrenieves, o arados de nieve, son sólo algunas de los tesoros patrimoniales que nos devuelve esta edición.

 
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