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Mayo 2005


Conversaciones con el Tío Roberto Parra

El camino al puerto de San Antonio (continuación)

Entonces me dijo:
- Tengo tres trabajos Roberto, mañana salís a trabajar conmigo, ya me dieron una pieza aquí en el cabaret, bien buena.
Todavía no sabía quién había matado al Tatá. Hasta que me dijeron.

Treintaidós puñaladas le metieron. Afuera de una casa de putas. Fue por polleras la huevá. Después supe quién lo mató. El huevón lo mató de susto. Porque el Tatá estaba curado, y el huevón sabía que si lo dejaba vivo lo iba a buscar hasta que lo encontrara. Era uno más joven, un tal Rojas, toca guitarra y acordeón. Fue tesorero del sindicato de folcloristas. Un día, voy al sindicato y lo encuentro. Y él se desapareció. Porque uno que haya cometido un delito así, no puede estar en un sindicato, menos en la directiva y todas esas cosas, el que yo hablara...
Entonces allá me quedé esos días. Hasta que un día en la mañana estoy parado en la subidita de la escala, al solcito, con mi piloto en el brazo, cuando siento una voz de mujer: "Roberto, me dicen, qué estás haciendo ahí". Miro así, y me parece cara conocida.
- Cómo no te vai a acordar huevón, me dijo, de mí, de tu hermana. Si te criaste junto conmigo, si hasta te ibas a casar conmigo en Rancagua. Soy la hermana del Robespierre.
- ¡Oh, Marina, mijita linda! ¿Qué estas haciendo aquí?
- Mira lo que es la vida, me dijo, estoy de cabrona. Murió el pelao Raúl por ahí de por tal parte...
Ese enterraba a todos los músicos. Era el dueño del cabaret Río de Janeiro. Un día, fue a ver a su propia hermana que había muerto, con dos hermanos de aquí. Y los tres que fueron al entierro murieron. Ellos eran los dueños del cabaret. Y ese cabaret le quedó a otro hermano que vivía ahí. Y ése vivía con la Marina.
Me crié con ella en el Sur, y el Robespierre era un tremendo pianista, hermano de ella, hijo de don José Núñez.

- ¡Estoy de Regenta del cabaret, huevón! dijo. Anda a darte un baño, me dijo, y te doy una pieza linda.
- Pero Marina, le dije, yo estoy aquí con el Negro Alfaro...
-No, te vení pa cá no más.

Quedaba a la vueltecita, en el cerro Alegre, de San Antonio.

Por esos días conocí a la Negra Ester. Pero esa historia ya está contada en décimas.

                         
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