Nano Núñez
 
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Mayo 2005


Testimonios de Nano Núñez

La voz de viejas tradiciones (continuación)


El Barrio


Son las tres de la tarde, es junio del dos mil. Camino junto a Nano Núñez por Avenida Libertador Bernardo O'higgins, a la altura de la Estación Central. Nos dirijimos al bar-restaurant El Colchagüino. Conversamos a viva voz entre un insufrible rugir de motores, alarmas, bocinazos, vehículos que circulan a velocidades imposibles de imaginar, entonces le pido que recuerde, allá por la segunda década del mil novecientos, cuando Nano era un niño.

Hablamos de un tiempo ido, del barrio, las calles empedradas, pregoneros, tranvías, un mundo sin prisa, muy difícil de contextualizar en medio del caos reinante. Nano no parece perturbado, porque ha estado aquí desde cuando la urbe comenzaba a extender sus largos y arrogantes brazos de concreto por sobre los últimos vestigios del siglo XIX. Cuando el límite urbano, la última frontera de Santiago al poniente era, precísamente, la esquina más próxima a su hogar: la punta de diamante de Ecuador con Alameda; y apenas un kilómetro o dos al Oeste, comenzaba el Camino de Pajaritos -una especie de túnel de árboles centenarios, entre Santiago y Maipú, que cruzaba chacras y más chacras- el viejo camino a los fundos de la costa, al mar, a los puertos que conectaban a Chile con el mundo.

Hernán Núñez Oyarce nació en 1914, en una vivienda ubicada al interior de un estrecho pasaje que unía la Avenida Almirante Latorre (*) con calle Ecuador. Él insiste en señalar que, a pesar del aspecto humilde y desmejorado que tiene el lugar -aún en pie-, no es un conventillo. No nos vayamos a confundir, él no nació en uno de aquellos.

La familia luego se trasladó a la calle Toro Mazote, donde creció Nano.
Su vida de adulto está vinculada a su casa propia, de los últimos cincuenta años, en la calle Naturalista Pavón, frente al santuario del Padre Hurtado.

Es decir, para Nano el mundo ha sido el barrio que, en su larga vida, nunca ha abandonado. Desde este "balcón" ha presenciado la gran marcha de la República, durante el siglo que se fue. No es una mala ubicación, considerando que de esta estación -y por esta avenida- partieron y regresaron convoyes, pasaron procesiones, marchas, exilios, inmigraciones, en fin, mucho de la patria respiró el aire y pisó el suelo de este espacio geográfico.


Fue en uno de esos pasajes
que hay de Alameda a Ecuador
ahí llegó a este mundo
este amante del folclor
Fue en calle Toro Mazote
que tuve uso de razón
como empezando con cuecas
se alteró mi corazón

(Nano Núñez. Autobiografía)

En esa tremenda altura
de nuestra Estación Central
les voy a contar un caso
que los va a impresionar
Si se cortaba la lienza
del pabellón nacional
siempre fue un roto chileno
quien la subió a colocar
Esa impresionante altura
el mástil de la bandera
pecastilla en pies y manos
y nos fuimos en collera
Un espectáculo gratis
que era para contemplar
ver a un roto en esa altura
y la bandera flamear.

(Nano Núñez. Mi Gran Cueca)

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