Rescate
Inicio/Notas y Reportajes/Rescate...
1 /
Mayo 2009
 
Heredera de la tradición

 

Consuelo Díaz, hija del dueño de la Viña La Posada, en Santa Cruz, es la encargada de articular y dar a conocer la  propuesta de esta  viña pequeña cuyas parras se extienden a pocos metros de la Plaza de Armas de la ciudad.  Además de realizar exhibición, venta y visitas guiadas por el proceso de producción  y  degustación de sus vinos y ofrecer en su tienda variados productos gourmet, objetos y artesanías  regionales, La Posada acoge en sus jardines a  uno de los mejores restaurantes de la zona.  Todo con el fin de ofrecer al visitante una experiencia integral  en torno a la cultura del vino, al patrimonio y a la tradición campesina del Valle de Colchagua.

Por Rosario Mena


No es sino el profundo amor por esta tierra, a donde su familia llegó desde Asturias en 1905, haciendo del suyo un apellido característico del Valle de Colchagua, lo que mueve a Consuelo Díaz a proyectar hacia el futuro su patrimonio y tradiciones desde la Viña La Posada, propiedad de su padre, Eduardo Díaz. Una labor en sintonía con los productores vitivinícolas, los empresarios gastronómicos, los artesanos y agricultores de la zona que unen sus esfuerzos para posicionarla como un destino privilegiado del turismo vitivinícola nacional e internacional.

Consuelo estudió turismo en Santiago, se especializó en Estados Unidos y estuvo trabajando un tiempo en la capital hasta que sintió el llamado irrenunciable de su campo, del lugar donde se crió y se acostumbró a vivir. “Yo he vivido desde chica aquí, andando a caballo para todos lados. Conversando con los campesinos. Estando en la naturaleza. Eso me tira mucho. Me encanta la música campesina, la cueca, el ambiente. No puedo renunciar a eso. Por la rama de mi abuelo, los Díaz eran agricultores- cuenta- trabajaban el campo, las viñas, las flores. Otros estaban en el comercio en la zona , tenían la Ford en Santa Cruz, y otros se fueron a Santiago…Creo que es importante estar aquí y que las nuevas generaciones sigamos potenciando y proyectando la tradición y las riquezas del Valle de Colchagua”.

De martes a domingo, aunque también puede atender en día lunes, previa reserva, Consuelo guía a los visitantes por las cuidadas instalaciones, en una antigua y hermosa casa chilena, en parte restaurada y en gran medida reconstruida, para mostrarles el proceso de producción del vino. Éste se basa en los cultivos propios, y está destinada a abastecer a supermercados de la zona y algunos de Santiago, con un volumen total de producción de un millón de litros anuales, entre vinos tintos Cabernet Souvignon y blancos Souvignon Blanc y Chardonnay. También se produce Sirah, pero para éste se compra la uva a un proveedor del Valle.

Proceso perpetuo

Desde las máquinas para extracción del grano de uva, hasta las embotelladoras, todo se ubica en un mismo espacio, lo que permite obtener una visión global de todo el proceso. “Aquí se baja la temperatura a los vinos blancos, cinco grados bajo cero, para que los residuos decanten por peso en la cuba. Es una máquina que clarifica los vinos blancos –explica Consuelo- El tinto sólo se filtra por decantación para eliminar la borra. Una vez terminada la fermentación alcohólica, los vinos reserva pasan a la barrica, seleccionados según la calidad de los suelos y la edad de las parras de las cuales proceden. En cualquier caso, blancos o tintos, necesitamos una temperatura baja y constante para que el vino esté lo más tranquilo posible”.

Esto explica el ambiente frio y oscuro de las bodegas, donde los vinos esperan años el momento de ser embotellados. “Los sedimentos ocupan casi la mitad del barril, por lo que el vino se va trasladando a otra barrica vacía, a través de bombas, y se rellena con el vino de otra barrica de la misma cepa”. Tanto la madera de las barricas, como los corchos que se utilizan en las botellas, son de suma importancia en el resultado. “La madera chilena absorbe mucho el vino , por lo que se bloquea su capacidad de dar sabor al vino. Por eso hay que utilizar roble americano y roble francés”.

Aquí todas las barricas provienen de Francia y los corchos, de Portugal. “Para nosotros es importante usar el corcho natural que permite la oxigenación, no asì los que son plásticos”. Generalmente, las barricas son desechadas a los tres o cuatro años, cuando ya pierden la facultad de otorgar sus propiedades al vino, aunque actualmente hay empresas que ofrecen el servicio, cada vez mas solicitado, de limpiarlas para su reutilización. En cuanto a las maderas chilenas, nuestra guía señala que el Raulí sirve para barricas más grandes, utilizadas para los vinos que no son reserva , “cuando no se requiere que absorban tanto el sabor” y explica que el vino “es un ente vivo” cuyo proceso continúa al interior de la botella. “El vino va evolucionando en la botella. El reserva va ganando con los años. El vino blanco, en cambio va perdiendo sabor, pierde la frutosidad del vino del año”.

El nulo beneficio que otorgaría el paso del tiempo a los blancos, fundamenta su opinión de que no tiene sentido producir vinos blanco reserva, práctica que atribuye a una cuestión de marketing. “Según nuestro criterio, los blancos no deberían ser de guarda. Es un vino fresco. Según lo que yo sé, los vinos blancos que se reservan no son los mejores. Los blancos son vinos de rápido consumo”.

La experiencia en las degustaciones, para las que Consuelo limpia cada vez las copas, “vinándolas” con el mismo vino que se va a probar, le ha permitido observar algunas diferencias en los gustos del público, como, por ejemplo, que, entre los vinos blancos, “a las mujeres les gusta más el Chardonnay, porque tienen un ph distinto al de los hombre. Generalmente es un poco más dulce. Pero cada persona tiene diferente paladar y, además, depende mucho de la comida y de los sabores que a cada persona le gusta combinar”.

En el restaurante Veta Bistró, uno de los mejores calificados de la zona, construido en los jardines de la viña y con hermosa vista a sus parronales, se ofrece el Chardonnay Sour, como una especialidad característica con el vino de la casa. La comida, simple y de cuidada elaboración, con ingredientes frescos y de buena calidad, aspira a potenciar los productos locales, al igual que la tienda. “Los artículos que se venden son para potenciar al artesano-señala Consuelo- Por otro lado, el valle, con el surgimiento de los restaurantes, en torno a la Ruta del Vino, la Fiesta de la Vendimia, etcétera, ha elevado su cultura gastronómica y la gente ya comienza a buscar productos gourmet para utilizar en su casa. Por eso también hemos incorporado estos productos, incluso algunos importados, mezclas de especies, chutney y otros”.
Subir
 
1 /
     
     ¿Tu Favorito?  Escríbenos
 Mapa
 Créditos  Un Sitio:
 Patrocina:
 Ganador del: