Las momias
más antiguas del mundo,
que aspiran a ser reconocidas
como Patrimonio de la Humanidad
por UNESCO, son la expresión
de una compleja tradición
funeraria, producto de una cultura
de gran desarrollo espiritual,
profundamente ligada al mar
y ajena a los enfrentamientos
y la división de clases.
El antropólogo Ignacio
Velasco nos entrega las claves
de su historia, su forma de
vida y sus técnicas de
momificación. "Los
Chinchorro desarrollaron una
notable técnica de preservación
de sus seres queridos, que significó
una alta habilidad manual y
un aprovechamiento de los recursos
de la naturaleza", señala
Velasco.
Con más de 3.000 años
de antigüedad, muy anteriores
a las famosas momias egipcias
y ubicadas en el sitio natural
donde fueron halladas, las Momias
Chinchorro reúnen varios
puntos a favor de su reconocimiento
como Patrimonio de la Humanidad,
para lo cual ya han sido incluidas
por el Consejo de Monumentos Nacionales
en la Lista Tentativa de Bienes
Culturales a ser declarados por
UNESCO.
Una antigua aspiración que Bernardo Arriaza, arqueólogo de destacada trayectoria experto en el tema, pretende hacer realidad a través de un plan de manejo de los sitios chinchorro, que otorgue un sustento y un contexto a la colección que hoy resguarda el Museo Arqueológico de San Miguel de Azapa.
El posicionamiento que han logrado
en los últimos años
en el ámbito científico
mundial, y su difusión
a través de publicaciones
y programas internacionales, han
ayudado a generar un inédito
interés hacia estos impresionantes
vestigios humanos, cuyo estado
de conservación sorprende
al mundo entero, así como
el despliegue técnico en
función de una tradición
funeraria que evidencia un gran
desarrollo cultural y espiritual.
Descubridor alemán
La literatura arqueológica
comienza a conocer a los chinchorro
a principios del siglo XX cuando
el investigador alemán
Max Uhule descubre los primeros
indicios de sus cementerios en
la playa chinchorro de Arica.
Uhle les dio el nombre de aborígenes
de Arica a estos tempranos pescadores
que habitaron la costa árida
del desierto de Atacama desde
el puerto de Ilo, al sur del Perú,
hasta Antofagasta en Chile, cubriendo
una distancia de cerca de 900
kilómetros (entre los paralelos
17º y 24º de latitud
sur y 70 a 71 de longitud oeste).
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