Jóvenes bailando hip-hop en la Plaza de Armas de Casablanca en el momento de la inauguración del Encuentro.


Los cubanos Emiliano Sardiñas y Luis Paz Esquivel.

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Febrero 2007
Encuentro Internacional de Payadores de Casablanca
Versos sin fronteras (continuación)

 

Gente de España, Argentina, Uruguay, México, Puerto Rico, Cuba, Venezuela, Panamá y Perú, forman parte de los cerca de 50 invitados, incluidos los payadores chilenos. Todos compartiendo una tradición que en cada país se manifiesta de manera particular y recibe sus propios nombres. "En Cuba, por ejemplo, se llama repentismo, por lo repentino, lo improvisado. Y allí hay un desarrollo muy grande. Los niños lo aprenden desde pequeños. Hay escuelas de repentismo", explica Alventosa. Dos de los más destacados exponentes y maestros de la isla caribeña están presentes en esta ocasión: Emiliano Sardiñas y Luis Paz Esquivel. "La vocación de esto es integrar la geografía de la décima. A través de ella, derribar las fronteras entre las naciones latinoamericanas -agrega el valenciano-. Lo más interesante es que se da en un contexto de renacer de una manifestación que hasta los años 80 estuvo adormilada".



Manuel Sánchez junto a Luis Ortúzar "Chincolito".

Chile está representado por los payadores Manuel Sánchez, Eduardo Peralta, Moisés Chaparro, Fernando Yánez y Guillermo "Bigote" Villalobos -que oficia de animador- y Luis Ortúzar "Chincolito", de Rauco, en la zona de Curicó. Chincolito, tras haber abandonado los escenarios, está de vuelta gracias a este Festival y, junto al joven Sánchez, simbolizan la cumbre del encuentro entre los viejos maestros y las savia nueva. "Me encanta andar con Manuel Sánchez porque él ha sabido rescatar la esencia de la cosa", dice el payador, quien, a pesar de realizar esporádicamente talleres en la Agrupación Folclórica Raquel Barros, en la capitalina calle San Diego, lleva una vida campesina dedicada al pastoreo. "Soy un cuidador de ovejas. Ando arriando el ganado con los perros al lado. Es una profesión que me siento orgulloso de mantener. La guitarrra la agarro en la noche no más, cuando llego a la casa", cuenta el poeta que este año se prepara para enseñar a los niños su arte en la Biblioteca de Santiago. "Yo todo lo que puedo, lo entrego -agrega- es un deber. Si el día de mañana hay poetas mejores, es una satisfacción para mí".
 
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