Rescate
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Febrero 2009
Celebración del Nazareno de Caguach
La fiesta del Cristo Chilote (continuación)
Menos expedito resulta el regreso, cuando los lancheros, después de la fiesta, se toman, además del tiempo, más vino que el recomendable, haciendo esperar en la playa a la gente, impaciente por regresar antes de que oscurezca. Ansiedad que pronto se transforma en desesperación y da lugar a un panorama casi bélico, con cientos de personas empujándose y amontonándose por subir a las embarcaciones disponibles, cuya capacidad no supera los 30 pasajeros. Una situación que los voluntarios de la Armada y Carabineros controlan a duras penas, pero que, al parecer, no constituye novedad alguna, sobre todo en la versión estival de la fiesta, cuya convocatoria ha superado con creces las expectativas y la precaria organización. Esta vez, se estiman cerca de 4 mil asistentes.


Fiesta, ofrendas y penitencias

Múltiples son los rituales que tienen lugar al interior de la iglesia durante el desarrollo de las misas previas a la procesión. Una mesa colocada frente al altar sirve para encender y colocar cientos de velas que traen los fieles. Un encargado cumple la labor de ir desechando las velas ya consumidas y limpiando la mesa para que otras puedan ser colocadas. Paralelamente, se prenden velas a los diversos santos y vírgenes provenientes de las cinco islas y que se ubican más adelante, en torno a la figura del Nazareno, mientras que los otros asistentes prenden velas en cualquier lugar de la iglesia donde estén, dejando caer la esperma caliente sobre sus manos en señal de penitencia. La cera que se derrama abundantemente sobre el piso de madera, deberá ser limpiada dos días después en un aseo en el que trabaja toda la comunidad.

Asimismo, deberá ser barrida y limpiada la playa y toda la planicie que se extiende frente a la Iglesia, escenario de la procesión, y que la jornada deja sembrada de basura y desechos provenientes de la verdadera feria levantada en torno a la explanada, y en donde se ofrece de todo, desde quesos, frutas y asado de cordero, pasando por ropa, juguetes y reproducciones artesanales del Nazareno.

La procesión, presidida por el Obispo, es acompañada de los cantos de los fieles y sacerdotes, con la banda sonora paralela del pasacalles, que interpreta sus melodías con guitarra, bombos y acordeones. Mientras la mayoría la sigue, otros se dedican a alimentar más el cuerpo que el espíritu, sacando partido a la abundante cocinería -en la que el pescado brilla por su ausencia- y refrescándose con buenas dosis de vino que se ocultan en botellas plásticas de bebida o se consumen tras algún árbol cercano. El templo también permanece lleno, con gente presentando sus peticiones, rogando por la limpieza de sus culpas o agradeciendo el “favor concedido”, confiados en el “poderoso Nazareno”, como reza la canción que, repetidamente, se canta a mil voces.


 
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