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Febrero 2009
Celebración del Nazareno de Caguach
La fiesta del Cristo Chilote (continuación)
Cristo chilote

Servidores de los conquistadores, bajo el sistema de encomiendas, los naturales debieron abandonar su religión y sustituirla por las prácticas católicas difundidas primero por los jesuitas y, luego por los franciscanos como Martínez. Sin embargo, con el tiempo, como señala el historiador Renato Cárdenas, “las culturas locales han ido infiltrando ostensiblemente a la cultura dominante, llevándola en otra dirección, dándole otro carácter”. Y la Fiesta de Caguach es la expresión más clara de esta integración, “de este sincretismo entre el mundo antiguo y el mundo moderno; entre la propuesta europea y las culturas indígenas”. Es en esta celebración donde el pueblo se encuentra en la oración, rogando por su prosperidad, y reivindicando su condición chilota en respuesta al "compromiso contraído por sus mayores", como dicen los “promeseros”.

De ser una estatua el Nazareno pasó a ser, como le llamaban antiguamente, el “Dios de Caguach”. “La gente ha humanizado al Nazareno, le ha dado el sentido, la fuerza y la expresión con que hoy convoca a multitudes”, señala Cárdenas. “El Cristo de Caguach es la memoria histórica y afectiva de un pueblo, el lazo entre generaciones y entre geografías dispersas… Es el Dios asimilado por los chilotes e integrado a los dioses que vienen en sus memorias milenarias, desde muy lejos... desde el comienzo de los siglos”.

En palabras de Monseñor Juan Luis Ysern, “el Nazareno se ha convertido en un símbolo y un tesoro para los fieles, no tan sólo por el poder que guarda la imagen y que los peregrinos defienden y proclaman, sino también por la significativa historia que su figura y los relatos orales le han transmitido a los isleños a través del paso de los años”.


Travesía de la fe

Con la asistencia de los cadetes de la Armada de Chile y el apoyo de Carabineros, que intentan poner orden en el embarque, cientos de fieles zarpan desde el muelle de Achao, en varias lanchas desde las primeras horas de la mañana del domingo, con destino a la Isla de Caguach. Otro tanto ha estado ocurriendo desde hace días en las islas pequeñas, desde las cuales parten los fieles, llevando sus figuras de culto y sus provisiones para permanecer en el santuario, en albergues especiales para ellos, durante las cuatro jornadas en las que se desarrolla el programa de la celebración que culmina el domingo con la procesión del Nazareno.

Sentadas en la cubierta de la pequeña lancha de madera, viajamos junto al Padre Mariano Puga, famoso por su trabajo social, desde la Vicaría de la Solidaridad y radicado durante décadas en poblaciones de Santiago como La Legua. Hace ocho años que vive en Chiloé, en la localidad de Colo, donde ha desarrollado un pequeño museo para catalogar y poner en valor las piezas de arte religioso guardadas en esta pequeña iglesia, declarada Patrimonio de la Humanidad, y considerada una de las más bellas, por su diseño y proporciones. Durante el viaje, el Padre Mariano, que lleva en un bolso su sotana, para colocársela en la iglesia, donde junto a otros tres sacerdotes, se dispondrá a ofrecer el sacramento de la confesión, anima a los pasajeros a cantar, orar el Padre Nuestro y el “Dios te salve María”. Aunque la respuesta es casi inaudible, de acuerdo al carácter de los isleños, el Padre no se desanima. Acompañado por la fría brisa del día nublado, el viaje de ida ocurre con fluidez hasta arribar a la Isla, donde ya tiene lugar la primera de las dos misas de la mañana.
 
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