Hernán Conha en su hogar.
 
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Septiembre 2004


Hernán Concha Quezada, científico chileno

Cerebro de exportación

Nacido en Quillota y radicado en Suecia, Hernán Concha es hoy una autoridad mundial en la biomedicina. Un recorrido nada fácil, desde el exilio en Alemania del Este, tras el Golpe Militar del 73, hasta integrarse en una sociedad como la sueca y llegar a ser reconocido por la comunidad científica internacional.

Por Rosario Mena


Después de 27 años sin pisar suelo chileno, el quillotano radicado en Suecia, Hernán Concha Quezada, volvió para un encuentro de científicos organizado por la Dirección de Comunidades en el Exterior (Dicoex), del Ministerio de Relaciones Exteriores, el pasado mes de agosto. A raíz de este evento lo contactamos para conocer su historia.

Con una vasta experiencia en el campo de la patología celular, este científico chileno ha hecho aportes claves a nivel mundial en el tratamiento del cáncer. Hoy desarrolla investigaciones en torno a enfermedades infecciosas como el SIDA, la tuberculosis o la malaria y desempeña una amplia labor en el prestigioso Instituto Karolinska, que junto a la Academia de Ciencias Suecas, otorga cada año el Premio Nobel de Medicina. "La idea central del Instituto Karolinska es la de contribuir a mejorar la salud de los seres humanos a través de la educación, investigación e información", explica Concha.

Casado con una filóloga alemana y con dos hijos universitarios que no conocen Chile, salió del país con sus padres tras el golpe militar de 1973, dejando sin terminar su carrera de agronomía en la Universidad Católica de Valparaíso. En este puerto se crió el científico que hoy recuerda con especial cariño el Liceo Eduardo de la Barra, donde cursó hasta cuarto medio. "Allí encontré a muy buenos profesores, como el de historia, idiomas y matemáticas. También conocí a mis mejores amigos, con los cuales tengo contacto hasta el día de hoy", recuerda el científico.

Instalado en Alemania del Este se especializó en biomedicina a través de estudios en la Universidad Martin Lutero de Halle-Wittenberg y en la Universidad de Leipzig. Contrajo matrimonio, y junto a su esposa e hijo mayor, en 1995, se trasladó a Estocolmo, Suecia, donde sus padres residían. "Por el hecho que el nombre de mi padre estaba en la lista "negra" de Pinochet, no nos era posible regresar a Chile. Nos quedamos en Suecia", aclara.

Adaptarse a un nuevo país, de idioma y cultura diferente, no fue tarea fácil. "Integrarse a una sociedad diferente, requiere de varios años de búsqueda. La integración en Suecia es posible a través del idioma sueco y el trabajo. Pocas veces se pregunta por tus cualidades personales, sino que tienes que demostrar que las tienes", relata Concha. Un curso urgente de seis meses fue necesario para aprender el complicado idioma.

Encontrar trabajo acorde a la calificación profesional y dentro del área de conocimiento que se maneja es, según Hernán, el principal obstáculo que se presenta al comienzo. "Todo el primer tiempo de estadía en Suecia fue demostrar quiénes éramos y que estábamos capacitados para ejercer nuestra profesión", dice refiriéndose también a su mujer, que hoy, al igual que él, cuenta con una buena situación laboral y profesional dentro de su especialidad. Satisfecho el quillotano relata: "Luego de pasar esa enorme barrera las ventajas o beneficios son obvios: vives en un país ordenado, hermoso y saludable y con recursos económicos para practicar la investigación".

El proyecto de creación de un laboratorio de investigación en la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso, en conjunto con científicos chilenos, surgido a raíz del reciente encuentro en Santiago, lo mantiene, después de muchos años, vinculado con su país de origen, del cual dice extrañar "sobre todo ese calor humano que es muy común en nuestros países del Sur de América, y claro, el Océano Pacífico y esa naturaleza indescriptible de Chile". ¿Lo que menos le gusta de su tierra? "La locomoción colectiva, que daña al medioambiente y a las personas".
             
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