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Santiago Schuster, Director General de la SCD:


"El propósito de la SCD es dar dignidad al oficio del autor y del artista y permitir su inserción social"

 

Hace veinte años, la Sociedad Chilena del Derecho de Autor nació con el fin de proteger los derechos de los compositores, autores e intérpretes de nuestra música. Dejaba atrás el antiguo Departamento del Pequeño Derecho de Autor de la Universidad de Chile y se encaminaba hacia lo que es hoy la SCD: una institución autónoma de alta calidad, sustentada en la primera ley cultural dictada en democracia y que, bajo la dirección del abogado Santiago Schuster, se ha convertido en modelo internacional y en un símbolo de la dignidad de los músicos chilenos.

Por Rosario Mena

Cada mes de enero, la SCD celebra su cena anual. Allí, entre comida, música en vivo y discursos, la asociación agasaja a sus socios y amigos, y les presenta sus logros y desafíos. La ocasión concentra el espíritu de esta organización privada, sin fines de lucro, constituida como una sociedad de artistas que velan ellos mismos por su actividad. La valuación de la creación como un importante insumo social y cultura brinda mucho más que el pago de derechos por el uso de música: aborda, también, el fomento de la producción y la difusión, la formación musical, la protección frente a problemas de salud, la seguridad al llegar a la tercera edad e, incluso, la posibilidad de exportar sus sonidos hacia el exterior. Ha sido de esta colaboración que ha surgido, nada menos, que el Premio Altazor.

Personajes de nuestra cultura tan dispares como la folclorista Margot Loyola, el pianista Valentín Trujillo, los cantautores Eduardo Gatti y Alberto Plaza, o el compositor Juan Amenábar se han unido en torno a esta sociedad, tomando así las riendas de la protección de los derechos y destinos de su actividad.

No fue sino el gusto y el respeto por la música lo que condujo a este abogado, a dedicar su carrera a los derechos y el desarrollo de la actividad de los músicos chilenos. Era el año '87, cuando, recién egresado de Derecho, llegó a trabajar al Departamento del Pequeño Derecho de Autor, para transformarlo en el modelo de sociedad de derechos de autores imperante en el mundo. "Yo entré por mi vínculo con Claudio Arrau, y con la música chilena a través del director del grupo Cámara Chile, Mario Baeza. Arrau había obtenido la nacionalidad estadounidense y comenzamos a discutir la pérdida de su nacionalidad chilena. Y yo planteé la tesis de que él, por su aporte, debía conservar su nacionalidad chilena. Gracias a esto se formó una comunidad de gente de muy variados sectores y opciones políticas, para celebrar los 70 años de Arrau. Logramos que viniera a tocar a Chile y que se le otorgara el Premio Nacional de Arte. Yo lo recibí y destinamos el dinero a becas para jóvenes músicos", cuenta el abogado.

 
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