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Julio 2007
"El ángel de la cueca", nuevo disco de Mario Rojas
El derecho a la cueca-fusión (continuación)

 

- ¿Recuerdas otro disco con una formación así de llamativa? Éste es como el "We are the world" de la cueca.

- No lo sé. Pero sí te puedo decir, y con absoluta honestidad, que no es que estemos descubriendo América. Mucha gente se ha acercado a lo que podría definirse como una cueca-fusión, incluyendo a Los Jaivas, Víctor Jara, la Violeta. Donde este disco marca la diferencia, estimo yo, es en que ha recuperado elementos de la cueca urbana con un cierto conocimiento de causa.

- ¿Lo dices por ti?

- Yo viví ese mundo de niño: conocí a Mario Catalán, a Humberto Campos, siempre supe desde niño quiénes eran Roberto Parra y Nano Núñez. He tenido toda mi vida ese vínculo con la cueca. Entonces el unir esa experiencia de vida con esta experiencia ha sido como hacer de puente entre una nueva generación de músicos y la tradición, y eso me gusta y me enorgullece muchísimo.

- Lo interesante es que incluso entre los participantes en el disco hay folcloristas de escuelas totalmente disímiles. No sé si te asustaba o no juntar a Manuel Sánchez con Las Capitalinas, por ejemplo.

- Yo no creo mucho en el concepto de folclore. Cuando alguien me habla de folclore, inmediatamente pienso en un cuadro didáctico, como si estuvieran rescatando algo del pasado para decirme: "Así se hacía esto". Creo en la música popular, definitivamente, y creo -siempre lo he creído- que la cueca es música popular. Desde ahí, no tengo conflictos, al contrario, de que en un disco de cueca colabore Cristián Cuturrufo, Claudia Acuña o los hermanos Ilabaca, de Chancho En Piedra. Yo puedo respetar mucho a un investigador o profesor de folclore, por ejemplo, pero es con los músicos con quienes me siento cómodo. Mi relación con los músicos es de cercanía permanente, y desde ahí tomo distancia de la barrera que pueda imponerte el folclorismo en torno a que si no muestras la música como en sus orígenes, no estás cumpliendo tu rol.

Coinciden en lo esencial dos de los participantes del álbum. Manuel Sánchez, joven guitarronero y payador (su nuevo disco es Guitarrón a lo chileno) dice sentir "una gran cercanía con el trabajo de Mario. Esa forma libre es la única que permite que las cosas —en este caso, nuestra música— no queden en el olvido. Sin embargo, es una libertad consciente de que lo primero es la pureza. Para lograr despojarse de la ortodoxia, primero hay que convivir con ella, y creo que son procesos que tanto Mario como yo hemos vivido. Cuando nos juntamos a grabar no hubo ensayos ni nada de eso: simplemente hacer lo nuestro con plena libertad, Mario es un personaje intenso y diverso, pero con los pies bien puestos en la tierra, en nuestra tierra, y eso se refleja plenamente en su último disco".

Pablo Ilabaca llega a la cueca desde la plataforma inesperada de Chancho En Piedra, popular grupo con un pie en el rock y otro en la música negra estadounidense. Pese a ello, su participación le parece coherente con "mi interés de siempre por la colaboración entre músicos, por las instancias en las que la improvisación va dando luz a ideas. Mucho mejor si la guía es la cueca. Para mí la cueca brava ha sido una escuela enorme, como instrumentista y vocalista. Cuando otros géneros comienzan a hacerse predecibles, es fantástico darte cuenta de que al lado tuyo siempre tuviste un tipo de música que aún es capaz de sorprenderte y asombrarte".

Existe una evidente continuidad entre El ángel de la cueca y el trabajo que ha venido haciendo Rojas desde tiempos de De Kiruza, el influyente grupo que fundó junto a Pedro Foncea hacia 1987, y luego en discos solistas de inequívoco trasfondo urbano, como Musi-cachi-lena (1997) o Sartén de estrellas (2005). De hecho, algunos de los músicos de su banda estable, The Flaiting Project (Federico Faure, Felipe Bravo, Tilo González) son también parte de esta grabación.

Pero hay también en el disco desvíos de atrevimiento llamativos incluso para un músico tan curioso como Mario Rojas. Dos de ellos pueden ser la nueva lectura electrónica para "Una rosa y un clavel" (reconvertida en "Rosa y clavel + Chalaila", y guíada con swing por la trompeta de Cristían Cuturrufo) y el canto bilingüe de "Con llave", a dúo entre Rojas y Claudia Acuña. La cueca brava y el jazz huachaca más convencional se asoman en "Por San Pablo calle abajo" y "La rueda de la vida". Pero "convencional" hasta por ahí no más. La brújula estable de todo el disco es un contundente voto de autoconfianza que ante cada ocurrencia parece ceder el paso recordando: "¿Y por qué no?".

 
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