Rescate
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Noviembre 2006
Entrevista a la licenciada en filosofía, Amarilis Horta

La solución de la bicicultura (continuación)

Recientemente la filósofa realizó, junto a un equipo de adherentes, el Festival de Bicicultura, encuentro anual con el que se convoca a toda la ciudadanía a reflexionar, debatir y apoyar esta causa durante una semana. Para su organización se requiere un trabajo previo de tiempo completo. Entrega que prueba su fe y pasión por lograr, según sus palabras un "Santiago amable y solidario".

Libre opción

- Además de estos cambios positivos en tu salud y en tu modo de relacionarte con la ciudad, ¿qué otras razones explican tu opción por trabajar para incentivar el uso de la bicicleta?

- Décadas atrás huí de una dictadura militar de corte derechista, a otra dictadura donde se suponía que era la gente la que gobernaba y que eran países de una democracia profunda. Me encontré con países en donde había otras formas de represión, con que la gente vivía completamente manejada por un partido. Esto me dio una noción diferente de lo que es la libertad.  Te obliga a enfrentarte a tener que derrumbar una serie de mitos y de ideas preconcebidas, por doloroso que sea. Tuve una crisis tremenda y durante mucho tiempo no volví a encontrar una razón suficientemente poderosa como para de nuevo creer que era posible construir un mundo donde los seres humanos nos tratemos como hermanos, en donde podamos juntos decidir de qué manera queremos vivir. A partir  de esta búsqueda me he dado cuenta de los puntos de convergencia que tenemos. Por ejemplo, la contaminación ambiental es algo que nos afecta absolutamente a todos. Puedes tener mucho dinero o nada. Por eso creo que hay problemáticas frente a las que todos podemos trabajar. De ahí surgen temas de consenso. Por ejemplo, cuando piensas que la gente en Santiago lo único que quiere es irse un poco más lejos para arrancar de la contaminación, hacia áreas verdes. Sin embargo, día a día construimos más autopistas, más vías de alta velocidad, más urbes edificadas en torno al automóvil. Está claro que esas ciudades atentan directamente contra las relaciones humanas. Hay estudios que prueban que el ancho de las vías de tránsito automovilísticas crean una separación entre los vecinos que va directamente proporcional al ancho de la pista. Es decir, cuando la calle es angosta al salir de la casa te enfrentarás al vecino de al frente y te vas a ver obligado a saludar, produciéndose un intercambio. Si esas vías empiezan a ser cada vez más anchas la gente va perdiendo contacto.

- Esto tiene que ver con una planificación de la ciudad y una concepción de progreso erradas.

- Durante mucho tiempo se pensó que la solución ideal para el transporte de las personas era el automóvil particular y hoy esa vía de solución no es viable. Porque se construye una autopista y antes de 3 o 5 años ya está atochada y entonces hay que construir otra. El problema de la alta densidad del tráfico es el único que no se soluciona con el desarrollo o con el progreso, sino que se agrava. Esta es una ciudad complicada por su topografía -por su pendiente- y también por su clima – hay 18 días de lluvia al año-. Santiago es una de las ciudades con mayores índices de contaminación ambiental. El transporte público está mal solucionado. Esto crea  una serie de problemas que hacen de la bicicleta una solución perfecta y casi mágica.  Estamos convencidos de que hay mucha gente que estaría dispuesta a tomar la bicicleta y hacer buena parte de sus trayectos diarios en ella, si es que esta ciudad fuera menos hostil. Si tenemos conciencia de ello, el problema pasa a ser técnico. Así como durante muchos años construimos ciudades en torno al automóvil, dando las facilidades para que la gente pudiera adquirir autos y estacionarlos, ahora se trata de pensar cómo hacer que Santiago sea una ciudad propicia para la bicicleta. Queremos lograr que la bicicleta sea considerada vehículo de interés nacional y que esté en el centro de las políticas de transporte de este país. Para grandes distancias obviamente la bicicleta no es la solución, pero sí para la mayor parte de los trayectos que se hacen a diario. Se necesita  programas estatales para comprar bicicletas. El Estado ahorraría muchísimo dinero. No solamente por el concepto del gasto en energía, además ahorraría en prevención y tratamiento de enfermedades.  Lo que más se necesita son estacionamientos en la vía pública que estén protegidos y que sean gratuitos. Si en todas las estaciones de Metro tuviéramos una red de estacionamiento custodiado por un guardia, le daríamos un impulso.
 
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