Imagen de la portada del libro "Afrodita", de Isabel Allende.
 
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Febrero 2005


Receta del libro "Afrodita" de Isabel Allende

Amor a la chilena

En su libro "Afrodita", Isabel Allende, evocando a la diosa griega del amor, mezcla cuentos con recetas de cocina heredadas de su madre, para sumergirse en el mundo de la sensualidad ignorando tabúes y tapujos. Rescatamos la clásica y muy criolla ensalada chilena. Un plato para tener en cuenta en el menú del Día de los Enamorados.

“Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana. Paseando por los jardines de la memoria, descubro que mis recuerdos están asociados a los sentidos”. Tal es la proclama de la superventas escritora chilena en el inicio de su libro “Afrodita”, que sigue a la dolorosa novela “Paula”, dedicada a su hija fallecida, como intento de recobrar las ganas de vivir a través de la sensualidad. Un compilado de cuentos y recetas de cocina de su madre que constituyen un ensayo sobre lo afrodisíaco, “sobre la gula y la lujuria”. Historias en las que se cuentan los efectos de los afrodisíacos sobre las personas, comentarios, vivencias de la autora y descripción de algunos alimentos se entremezclan en esta obra que rinde homenaje al sabor y al tacto.

Lamentando la poca importancia prestada a la comida, como elemento central en la energía vital, y enfatizando la necesidad de estimular la sexualidad cuando los años han dejado atrás el vigor erótico de la juventud, Isabel Allende, convertida en hechicera, entrega sus consejos, dejando claro que ninguna pócima supera los poderes de un verdadero amor. Recetas con nombres tan originales como: “seno de novicia”, “carlota de los amantes”, “ensalada de las odaliscas”, “ciruelas frívolas”, “levantamuertos”, “camarones al azafrán”, “suspiro de alcachofa”, “vida nueva”, “salmón neptuno”, además de su ya famosa “Sopa de la reconciliación” sirven, sin embargo, a objetivos tan loables como “provocar la lujuria, mantener el ardor y el apetito sexual, prolongar el acto carnal, hacer resurgir el miembro viril, conquistar a la persona deseada, hacer brotar pasiones”. Todo sin descuidar por supuesto, los gestos, el vestuario, la decoración, los olores, la música.

Si bien nada está probado respecto al efecto que ciertos alimentos producen sobre el deseo y la potencia sexual, la creencia en las comidas afrodisíacas ha estado presente en todas las culturas. Famosas son las propiedades de las especies orientales en este campo. Entre los protagonistas de la cocina chilena, el ajo, el apio, el cilantro y los mariscos, así como el ají o los pimientos, han gozado desde siempre de un especial prestigio como estimulantes del amor carnal. A esta lista, Isabel Allende suma el tomate y la cebolla, convirtiendo a nuestra tradicional Ensalada Chilena en un plato recomendable para movilizar las hormonas. El toque personal lo ponen el pimiento (o el ají) y el perejil.

Ensalada Chilena (para 2 personas)
De Isabel Allende
Ingredientes:
· 2 cebollas medianas
· 3 tomates
· Pimiento (o chile picante fresco)
· 2 tallos de Perejil fresco
· Sal, pimienta
· Aceite, vinagre


Pasos:
Paso 1: Pique la cebolla póngala a remojar en agua caliente con vinagre por 1/2 hora. Escurra y sece con papel absorbente.
Paso 2: Pele los tomates hermosos y pártalos a lo largo en trozos.
Paso 3: Pique el pimiento picante y mezcle la cebolla y el tomate , aliñe con sal, pimienta y buen aceite de oliva de la mejor calidad.
Paso 4: Añada por encima el perejil fresco.

Sopa de la Reconciliación
Isabel Allende

"Si no encuentro callampas frescas y debo recurrir a las secas, las remojo en media taza de un buen vino tinto hasta que se esponjen alegremente, mientras me bebo el resto del vino con toda calma. Luego pico el ajo por el puro gusto de olerme los dedos, porque igual podría usarlo entero, y lo frío junto a las callampas y champiñones en el aceite de oliva, revolviendo con fervor por unos cuantos minutos, no los he contado, pero digamos cinco. Agrego el caldo, el oporto y el aceite de oliva trufado, no todo, dejo un par de gotas para ponerme detrás de las orejas, no olvidemos que es afrodisíaco. Aliño con sal y pimienta, y cocino a fuego suave con la olla tapada hasta que las callampas se ablanden y la casa huela a paraíso. Al final lo trituro en la licuadora; esto es lo menos poético del cocinamiento, pero inevitable. Debe quedar con una textura algo gruesa, como de lodo, con un perfume que hace salivar y llama a otras secreciones del cuerpo y del alma. Me coloco mi mejor vestido, me pinto las uñas de rojo y sirvo la sopa decorada con crema agria en platos calientes".

 
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