Comunidad Activa
Sugerir Temas
Sugerir Agenda
Sugerir Link
Perfiles
Inicio/Notas y Reportajes/Rescate/Perfiles...
1 / 2 / 3 /
Mayo 2007
 
Sergio Larraín García-Moreno (1905 –1999):
El caballero inconmesurable (continuación)


Fue en 1924 cuando Sergio Larraín entró a estudiar a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile, de la cual sería Decano en la década de los 50. Ya en segundo año comenzó a coleccionar piezas precolombinas, que a lo largo del tiempo se irían acumulando en su casa para llegar a convertirse en la base de un museo.

Impulsor del modernismo y seguidor de Le Corbousier (a quien conoció en Europa), su carrera como arquitecto incluye importantes edificios, algunos "de culto" para los conocedores, como el que llaman "el barco" ubicado en Santa Lucía con Merced.

Siendo arquitecto exitoso, académico, coleccionista, y viajero incansable, Sergio Larraín encontraba espacio a todas sus demás pasiones. "Era un interesado lector (desde la novela clásica francesa hasta difíciles ensayos científicos); gozador de la música, amante de los muebles modernos y de los objetos curiosos; de los autos último modelo (memorables fueron el Porshe y el Mercedes descapotable, que manejaba a toda velocidad); de las comidas raras (dicen que se comía el gusano del Mezcal) y de las frases "notables" (tanto mejor si venían de gente destacada), señala Catalina Mena. "Era un tipo que se daba gustos. -dice Carlos Aldunate, Director del Museo Chileno de Arte Precolombino- Muy distinto a esa otra aristocracia chilena un poco pacata que se cuidaba del qué dirán, de hacer todo más o menos, todo modesto. No. A don Sergio le gustaban las cosas buenas. Pero no le interesaba para nada la plata, sino el gusto que podía darse con ella".

Otro capítulo de su placer eran las negociaciones que realizaba antes de obtener las obras. Escribía cartas a galeristas, dealers, marchantes y anticuarios de todo el mundo.

"Sergio Larraín no sólo se interesaba por los testimonios objetuales, sino también por todo el mundo espiritual que traían consigo. Leyó a Carlos Castañeda, se metió con el chamanismo y hasta asistió a un Congreso de Brujos en Colombia", cuenta Catalina Mena.

Mientras devoraba toda lectura que hiciera referencia a las antiguas culturas americanas, canjeaba o vendía algunas de sus obras de arte moderno para comprar piezas Moche, Maya o Chavín. También viajaba por sitios arqueológicos y se contactaba, con los mejores expertos del mundo, incluido Junius Bird, arqueólogo especialista en Sudamérica y director del American Museum of Natural History de Nueva York, quien fue la persona que lo convenció del valor de la colección que, sin darse cuenta, había reunido a lo largo de más de veinte años y que constituia un patrimonio cultural de primera importancia para el país.
 
Subir
1 / 2 / 3 /
     
 Música  ¿Tu Favorito?  Escríbenos
 Mapa
 Créditos  Un Sitio:
 Patrocina:
 Ganador del: