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Febrero 2009
Renato Cárdenas, investigador de la cultura chilota:
“Las salmoneras provocaron en Chiloé un impacto mayor que la Conquista” (continuación)

 

Sonido mestizo

El repertorio de los cantores, si bien adopta la forma española, incluye elementos indígenas, dando cuenta del mestizaje inherente a la cultura local. “La tradición española crea la estructura de esta música que es para ser bailada. La melodía la lleva originalmente el violín, después es el acordeón, finalmente se queda el acordeón con la guitarra. La guitarra es también un instrumento de percusión, ahí está la herencia mapuche. Lo mapuche se refugia en esto, así como en otras manifestaciones. La estructura la tiene el europeo, pero adentro hay elementos indígenas. Somos una sociedad mestiza, por eso hay que ir viendo más adentro. La forma musical española barrió completamente con la tradición mapuche, especialmente porque el contexto de la música mapuche eran sus rituales, que fueron prohibidos. Ese escenario se eliminó. Pero esto toma otra forma. Lo de Caguach es un guillatún administrado por la Iglesia Católica”.

Un ejemplo muy interesante de reconversión cultural es la que se produce en la tradición poética, producto del contacto entre lo español y los orígenes mapuches de la minga. “Ahí se aplican formas de poesía mapuche llamadas Koyak. Estas se recitaban en el proceso de ir a visitar el vecino. La puerta se trancaba, y para que te abrieran había que hacer argumentaciones poéticas, que tienen un ritmo. La poesía mapuche no se recita, se canta. Este Koyac fue reemplazado por el romance español, que es un cuento en versos, y es el gran género del conquistador. Prendió mucho en América. A fines del siglo XIX se impone en Chiloé y reemplaza a los Koyak”.


Acordeones por violines

Un fenómeno llamativo también es el que ocurre con el reemplazo del violìn por el acordeón, esta vez proveniente de Argentina. “Esta es una música festiva, para bailar y el acordeón era más bullicioso, suena más fuerte que el violín, especialmente para acompañar una cueca, que fue la preferida desde el siglo XX”, afirma Cárdenas. Si bien aún quedan violinistas, la mayoría son coleccionistas y no tocan. Cuenta Cárdena que “uno de los grandes violinistas fue Juan Barría, hijo de Jerónimo, que murió, construía violines y tocaba".

Según el historiador, la actual artesanía en violines se reduciría a la copia de modelos sacados de revistas. Al mismo tiempo desmistifica esta tradición, así como la originalidad del violìn chilote, ravel, argumentando que se trata de una versión popular del Stradivarius. “Este fue interpretado por gente que no es luthier, que no tienen las herramientas necesarias, ni usa los mejores materiales. Sale un instrumento con un sonido distinto, que le da la textura a la música de Chiloé. El ravel es un invento impuesto desde fuera. En Cucao un señor en los 60 recomendó llamarle ravel al violìn para que fuera más valioso y sacarle una cuerda”.

En su opinión, el mayor valor de este “violín popular” es ser un ejemplo de “reinterpretación, lo cual es una característica de Chiloé, de su proceso de adaptación de modelos. Por ejemplo, la iglesia de Castro era un plano que venia de Europa para ser construido en cemento. Era 1905 y no había de dónde sacar cemento, entonces se decide hacerla en madera. Reinterpretar fue un gran esfuerzo creativo”.
 
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