|
Deuda
revolucionaria
-
¿Siempre
en el barrio Yungay?
- Sí, o por
ahí muy cerca.
A los 18 años
me fui a Valparaíso
a estudiar.
- Ahí es
donde te toman preso,
te llevan a un campo
de concentración
y después
partes al exilio
¿Fue algo
absurdo todo lo
que pasó:
terminar preso,
torturado, exiliado?
¿En realidad
creías que
era ese tu destino?
- Yo en Santiago,
en el Liceo Amunátegui,
había pololeado
con la jota. Después
me alejé
un poco porque encontraba
que la militancia
quitaba mucho tiempo
y tenía muchos
riesgos. Y yo era
muy cobarde. Cuando
llegué a
estudiar leyes a
Valparaíso,
un compañero
del Liceo me agarró
y me metí
de nuevo, y de ahí
no me salí
más hasta
el ´90, que
renuncié
al Partido Comunista,
porque era demasiado
estalinista, y había
mucha persecución
interna. Yo tenía
una hermana menor,
de 15 años,
que era súper
militante. Y a mí
me daba un poco
de vergüenza
no ser tan combativo
como ella, me sentía
en deuda con este
proceso revolucionario,
porque todos los
días pasaban
cosas y la gente
te llamaba
Yo me metí
y asumí los
riegos. Pero a diferencia
de lo que ha ocurrido
con otra gente,
mi separación
del partido es como
la de esos matrimonios
que quedan "en
buena".

Mauricio Redolés |
-
Quizás porque
siempre te mantuviste
cuestionando todo
y te planteaste
desde ti, no amarrándote
a ningún
modelo
como
le pasó a
la generación
de la Nueva Canción
Chilena, o del mismo
Canto Nuevo, que
se quedó
un poco fuera de
contexto con el
cambio social y
político
de Chile.
- No sé,
lo que sí
siento es que mucha
gente, como la que
tú señalas,
se quedó
con la mochila histórica
que le puso el pueblo,
los partidos. Ellos
llevaron durante
años el saco
de ser reconocidos,
de ser los amigos
de Víctor
Jara, y todo eso.
Pero después
las cosas cambian
y es difícil
transformarse. Ya
están marcados.
|