
Mauricio Redolés |
Ni el presidio,
la tortura, el destierro
ni la ferocidad
del neoliberalismo
chileno; ni las
penas familiares
o emocionales han
logrado restarle
a Mauricio Redolés
un ápice
de la magia que
inunda su existencia.
El suyo es un universo
ajeno a los dictámenes
de la vida moderna,
poblado de historias
triviales y fantásticas,
papeles recogidos
en la calle y objetos
venidos desde el
futuro; habitado
por el espíritu
de grandes, como
Carlos Pesoa Véliz,
Carlos Droguett,
Nicanor Parra, Juan
Luis Martínez,
Víctor Jara,
Nemesio Antúnez
(quien ilustró
su libro "Tangos")
y Julio Zegers,
quien gatilló
en la adolescencia
su impulso hacia
el canto, a pesar
de haber sido echado
de todos los coros
escolares "por
desafinado".
Ninguna conversación
puede ser breve
con el músico
y poeta, sociólogo
formado en Inglaterra
y profesor universitario.
Paradojalmente dulce
y amable, el autor
de sátiras
musicales del calibre
de "Quién
mató a Gaete"
-objeto de análisis
para filólogos,
semiólogos
y sociólogos-
es un tipo que no
entrega respuestas.
Redolés transita
siempre por la anécdota,
que narra con lujo
de detalles exigiendo
detener los relojes
y transportarse
junto a él
a su mundo paralelo,
para desenvolver
la emoción
presente en cada
una de sus experiencias
creativas. Deja
así que el
oyente -en este
caso, periodista-
construya sus propias
conclusiones.
- ¿Te sientes
heredero de la tradición
de los poetas populares,
cantores y payadores?
- Es una tradición
que admiro y respeto.
Con Manuel Sánchez,
por ejemplo, he
aprendido mucho,
pero no tengo que
ver con esa tradición.
Soy una persona
que trabaja con
la música
y la palabra, pero
no con la improvisación,
como ellos. Y también
compartimos ese
elemento de la crónica
urbana, que tiene
el payador urbano
y la Lira Popular.
Hay poemas míos
que se relacionan
más con eso.
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