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El recientemente galardonado
con el Premio Bicentenario 2004, Luis Merino,
actualmente ejerce como Director del Centro de
Extensión Artística y Cultural de
la Universidad de Chile.
Es un hombre al que se le nota su pasado académico
por el modo en que combina rigurosidad y amenidad
al expresar sus ideas. Asimismo, se adivina en
él a una persona conciliadora y con ideas
claras que le han permitido ejercer exitosamente
altos cargos administrativos dentro de esta enorme
y siempre bullente casa de estudios.
Ha sido en las artes de la Universidad de Chile
donde ha desarrollado profesionalmente y ha dejado
una huella en cuarenta años de dedicación
exclusiva a dos temas que lo apasionan y conmueven:
la música y la labor académica.
Por Beatriz García-Huidobro
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Usted ha sido profesor de musicología,
Director de la Revista Musical Chilena, Director
Académico de la Facultad de Artes, miembro
de número de la Academia de Bellas Artes,
Decano de la Facultad de Artes, Vicerrector Académico
de la Universidad de Chile, entre otros cargos.
Quisiera saber, ¿cuál de estas misiones
que ha emprendido cree que fue la más gravitante
para el jurado a la hora de tomar una decisión?
Yo diría que el conjunto.
Haber pasado por administraciones locales y generales
dentro de la Universidad, me permitieron adquirir
una visión macro de esta casa de estudios.
- Y en el terreno personal,
¿cuál de sus labores ha sido la
más gratificante y por qué?
Aunque parezca una respuesta
diplomática, diría que todas. Inicialmente,
mi carrera fue académica. Me dediqué,
antes de viajar a realizar mi doctorado, a la
docencia e investigación. Luego realicé
complementariamente labores administrativas, que
al principio asumí como tareas temporales,
añorando seguir en el mundo académico.
Pero descubrí que la administración
te permite transformar en acción todo aquello
que estás viendo en tu investigación.
Lo contemplativo, que es característico
de lo académico, pasa a la acción
y se concreta a través de una adecuada
administración.
Si bien no la he buscado, la he asumido como parte
de los requerimientos de la institución.
Incluso en mi vida personal, asumir estas obligaciones
me obligó a revisar las demandas de mi
mujer, que es una persona con los dos pies muy
bien puestos sobre la tierra, y comprender sus
necesidades para una adecuada conducción
de la casa, cualidad que los académicos
muchas veces no tenemos por las características
del trabajo investigativo.
- Haber desarrollado toda
su carrera profesional vinculado a la Universidad
más emblemática del país,
¿de qué manera constituye una fortaleza?
Creo que mi máxima
fortaleza es haber trabajado en la Universidad
de Chile. Incluso pasar por diferentes crisis,
algunas muy difíciles y duras, han llegado
a constituirse en oportunidades. Creo que yo jamás
habría hecho todo lo que hice si no hubiese
estado en esta universidad. Pienso que cada universidad
tiene su sello especial y a mí el de la
Universidad de Chile me identifica plenamente.
Creo que, además, la administración
desde la escasez, que es una característica
de nuestra universidad, te obliga a no alejarte
de la misión y te plantea un desafío
superior.
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