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Los
dibujos de Hervi, publicados en la prensa chilena
desde hace medio siglo, han hecho reir y pensar
a varias generaciones, potenciando el ejercicio
de la opinión a través del juego
ingenioso y desconcertante del humor. Un arte
a ratos peligroso que responde a una vocación
ineludible.
Por Rosario Mena
Amigo de Lukas y discípulo de Pepo, el
arquitecto y dibujante Hernán Vidal, más
conocido como Hervi, es fiel representante de
aquella tradición de grandes caricaturistas
chilenos cuya creación ha quedado impregnada
en el imaginario de varias generaciones. Sus dibujos
editoriales ampliamente publicados en Revista
Hoy, El Mercurio, Qué Pasa, La Época,
La Tercera, y otros diarios y revistas de décadas
pasadas, constituyen un referente compartido por
el gran público, que encuentra en ellos
la mirada refrescante a los temas de opinión:
"Las páginas editoriales son un muro
de ladrillo y el dibujito es como la ventana por
donde entra un poco de aire. Sin el dibujo, los
editoriales son ilegibles. Por estadística,
lo primero que hace una persona cuando agarra
el diario es irse al dibujo editorial".
A la corta edad de trece años, Hervi ya
contaba con la certeza de una vocación
indiscutible. Ilustrador del sumplemento Mampato
de El Mercurio y estrecho colaborador del creador
de Condorito, se encontró tempranamente
donde se cuecen las habas. "Yo estudiaba
en la Escuela Experimental Artística, en
el centro. Entonces, por curiosidad, primero me
fui a meter a El Mercurio y me puse a trabajar
como dibujante en el suplemento Mampato. Después
comencé a ir al taller de Pepo, que estaba
en la Plaza Italia. Le llevé mis dibujitos
y le encantaron".
Un par de meses bastaron para convertirse
en su ayudante, y comenzar a trabajar tanto en
Condorito como en otros proyectos que vinieron
luego. "Trabajar durante tantos años
con él fue una experiencia fundamental,
no sólo por la formación en el oficio,
sino también por su gran calidad humana
y por el trainning que significó para mí
el contacto con toda la gente que lo rodeaba,
que eran los mejores dibujantes del momento, Pequén,
Alhué, Lugose, que hacían la revista
Topaze, entre otras cosas".
En la antesala de la televisión, eran tiempos
de gran protagonismo para la prensa escrita, y
especialmente, dibujada. "Tal como decía
su eslogan, la revista Topaze era el barómetro
de la política chilena. Los políticos
se cuidaban de no verse ridiculizados en esa revista,
que fue censurada muchas veces, requisada durante
el gobierno de Ibañez. Ahora la ilustración
periodística, tiene un rol menos visible,
pero muy importante en muchos países, sobre
todo en temas políticos. Le Monde, por
ejemplo, tiene seis ilustradores editoriales,
y un consejo editorial diario para repartirse
los temas".
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