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Noviembre 2008
Antonio Larrea, creador de portadas de discos de la Nueva Canción Chilena:
“El efecto de las carátulas lo conocimos veinte años después” (continuación)

 

La utopía

Una fuerza arrasadora, una energía que arrastró a toda una generación de creadores que trabajó bajo el influjo de la colaboración y la libertad, fue lo que guió la senda del joven Antonio, quien veía las circunstancias como una realidad, no como una utopía por alcanzar.

- En el prólogo del libro, Jorge Montealegre describe estas imágenes como el imaginario de una utopía. ¿Qué opinas de esa referencia?

- Creo que es un título de él más que mío, me cuesta un poco entenderlo…

- Estaban todos tratando de formar un mundo mejor…

- Pero no fue esa la intención, por eso me cuesta. Para mí todo fue realidad, yo viví esto, viví esos días. Cuando estaba imaginándome cosas estaba pensando que eso era real, que lo que pasaba era real. Nosotros estábamos fuera del contexto político. Hacíamos cosas, estábamos muy centrados en la gráfica. Me metía en un diseño a jugar con imágenes que de repente no tenían que ver con un contexto político, pero que estaban en mi imaginación.

- Pero desde la distancia se ve un mundo ideologizado; gente que quería una sociedad mejor y esa era la utopía que se estaba tratando de construir.

- Y la estaba construyendo todo el mundo, pero de repente la fuerza de este tipo de cosas era tan arrolladora que uno no se daba cuenta de lo que estaba formando parte. No tenía mucha conciencia de lo que estaba provocando.

- Tú no tenías conciencia del efecto, pero sí del significado.

- De eso sí, motivado por el título y el contenido, porque una cosa iba llevando a la otra. La música la escuchábamos mucho tiempo después. También coincidíamos mucho con el artista. El título también te da la solución gráfica, por ejemplo “Pongo tu mano abierta”, ya te lo está dando.

- Vicente, Luis y tú estudiaron en colegios fiscales y vivieron un proyecto que tenía que ver con que las clases medias tuvieran acceso a una educación técnica y profesional.

- O sea la educación era gratuita. Si tú lo analizas, en esa época casi todos los artistas eran de clase media y casi todos de provincia y eso lo he hablado harto con Jorge Montealegre. El Pipo González es de Temuco, nosotros somos de San Antonio, Albornoz de Talca. Bueno, Neruda, Mistral… Algo pasa con la provincia. Digno de análisis. Todos tenían la oportunidad de crecer y eso ahora es rarísimo.

- ¿Qué rescatarías de esa época?

- La libertad de pensamiento. Aprendí a discutir las cosas en esa época, a analizar, tanto con mis compañeros de liceo como con los de universidad. Pero porque había un ambiente de discusión interiorizado. Quizás la política en ese tiempo no la discutía tanto, sino que discutía cosas más internas, de juventud, de propuestas de vida. Íbamos mucho al cine y tratábamos de analizar las películas de Bergman, porque es un grande. Aunque no haya terminado la universidad, eso me abrió la mente, me abrió los ojos, empecé a pensar de un modo radicalmente opuesto y todo eso que ya tenía medio desarrollado en el liceo Lastarria, acá afloró. Me empecé a juntar con una pila de amigos a los que les pasaba lo mismo, que tenían las mismas inquietudes, de expresión, de comunicación. Hoy día hablaba de la discusión generalizada que se ve en el documental La batalla de Chile. Ahí la gente discute con fundamentos, convencida de lo que está diciendo. Toda la población hablaba y se expresaba de esa manera y defendía sus ideas con orgullo. Y ahora se perdió todo, el lenguaje, todo, nadie analiza nada…

 
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